9 de mayo de 2010

Circuito de la Fuenfría y Alto del León

Claro que sí, un nuevo hito de la geografía madrileña conquistado en bici.

Le tocó por fin el momento al Puerto de la Fuenfría, que ya ascendimos a pie el invierno pasado. Mis compañeros de rutas ya lo habían subido, pero yo no lo había catado. Surgieron ganas a lo largo de la semana, y finalmente el domingo nos animamos Dani y yo.

mapa cercedilla

Cuando llego a Cercedilla a las 10 me encuentro con las calles cortadas por una carrera de montaña, así que salimos con un ligero retraso. En cuanto encuentro a Dani junto a la Estación de Cercanías, emprendemos camino hacia el puerto, lo que significa empezar a subir desde el metro 0. Iba avisado, el principio era lo más peste, por calles asfaltadas del pueblo con fuertes pendientes, al final acaba en un camino de tierra que sigue castigando con una buena pendiente. Se hace algo más suave el camino en cuanto conectamos con la Calzada Romana de la Vía Antonina, pero me doy cuenta que lo poco que he desayunado me está matando, así que en poco tiempo paramos para tomar una barrita y tocar el freno delantero que no me para de cantar. La Calzada nos llevará, sorteando piedra tras piedra con una pendiente de un 6 % al Hospital de La Fuenfría donde giramos a la derecha por un sendero rodeado de helechos. Este sendero va a parar a la carretera que viene de Las Dehesas de Cercedilla, así que por asfalto continuamos subiendo en suave ascenso atentos al tráfico que viene de frente.

Cuando acaba el asfalto el camino se hace conocido por la anterior ruta comentada. Pedaleamos tranquilos y a gusto, pero en seguida abandonamos la Calzada Romana para continuar subiendo por la Carretera de la República. Comienza en buen asfalto que acaba tomando un 11 % de pendiente, lo cual con los kilómetros se me acaba atragantando. Es más se me duermen partes de mi cuerpo que es mejor no tener dormidas. A medida que el asfalto es peor se hace más empinado, hasta que llegamos al tramo que es camino de tierra donde la pendiente suaviza bastante y se hace más llevadero el pedaleo. Hemos pasado lo peor de la subida, contamos ya los kilómetros para acabar la subida mientras el camino vira hacia el sur. Seguiremos subiendo en suave pero constante ascenso hasta el mirador de Vicente Aleixandre, donde la “Carretera” vira definitivamente hacia el sur encarando los últimos kilómetros hasta el Paso de la Fuenfría.

Es momento de acordarnos de la última vez que pasamos por aquí, de cómo estaba todo nevado, con frío, perdidos… jajaja, ¿cómo ha cambiado el asunto! Paramos en la fuente de Antón Ruiz a reponer líquido y alimento, motor de nuestra bicicleta. Y poco más adelante en el Mirador de la Reina, donde, de no ser por la bruma, se verían unas vistas espectaculares de la vertiente sur de la Sierra de Guadarrama.

En el puerto de la Fuenfría ni paramos porque había un tinglado montado de lo de la carrera, que por lo visto subía hasta aquí. De hecho continuamos por el camino por el que deben discurrir los corredores, dirección suroeste, en un subibaja que nos conduce hasta el Collado de Marichiva.

Aquí nos encontramos con unos ciclistas con los que hemos coincidido en el Mirador de Vicente Aleixandre, y no tienen muy clara la ruta. Nosotros vamos a bajar por la vertiente segoviana, porque efectivamente, por el camino que sigue, no hay continuidad (al menos en las mismas condiciones de camino). Claro que nuestra opción comienza con un comentario de Dani poco halagüeño: “yo te recomendaría que bajases el sillín”.

Un camino muy empinado con multitud de piedras sueltas que te obligan a clavar el freno delantero (porque el trasero no hace nada). Como voy con el sillín bajo mi centro de gravedad ha bajado pero con un pie fuera no puedo levantar el culo y echarlo para atrás para retrasar mi centro de gravedad. Consecuencia de este farragoso asunto: a la que freno fuerte, pillo una piedra, o pierdo un poco el control el cuerpo se echa hacia adelante con el consecuente riesgo de “salir por orejas”, y la última vez que sentí eso me partí una clavícula. Y no me apetece. Así que pie a tierra. (¿Os ha gustado mi explicación científica a porqué iba cagadito de miedo en la bajada?)

Se alternan los tramos donde es posible bajar sobre la bici, con los de “pie a tierra”, pero el camino no es más de 1 km y acaba felizmente en una pista semiasfaltada que discurre por el valle del río Moros. Este camino ancho, con buen firme, sin sustos, con pinocha… es una delicia. Es tranquilo, no nos cruzamos con nadie, desciende contínuamente durante muchos kilómetros, con bonitas vistas a las lomas y dehesas del río Moros.

La larga bajada acaba y toca pedalear hasta la N-VI. Decidimos no usar el atajo porque no sabemos por dónde va, solo que tiene 800 m de “empujabike”, y no nos queremos arriesgar. La opción tomada es incorporarse a la N-VI y subir el tramo final del puerto por la cuneta cementada. Lo primero son 700 m con una pendiente, dice Dani, del 9 %, pero la bici se agarra de cojones. Paro a tomarme un respiro y sale junto a mi un cervatillo, vaya sorpresa que nos llevamos los dos.

Los últimos 800 m los tenemos que hace por el arcén, bien pegaditos a la línea, que los coches suben rápido por los dos carriles. Cuando llegamos al Alto del León, es tal el cansancio (30 kilómetros ya) y el hambre que nos está despertando el “Asador Alto del León” (casi las 2 de la tarde) que ni hacemos foto de cumbre. Enfilamos la veloz bajada del puerto y después de la primera curva cruzamos cuidadosamente la carretera para coger el camino (PR-30) que nos llevará de vuelta a Cercedilla.

Y aquí es donde dí el gran bajón, y no fuí capaz de seguir dando pedales a un ritmo sensato. Una pequeña pendiente ascendente y muchas piedras impedían dar pedales cómodamente. No podía con mi culo y me costaba incluso llenar los pulmones de aire. Así llegamos hasta la fuente bajo La Peñota, que está seca, y desde aquí todo para abajo por un pedregoso, aún más, camino, que obliga a tomar muchas precauciones. Las cervicales me están empezando a matar, o yo a las cervicales, pero en un par de kilómetros ya estamos cerca de Cercedilla. Encontramos por fin la Estación y el coche de Dani, y a mi me queda subir un par de fatigosas cuestas para llegar a mi aparcamiento. Son casi las 4 de la tarde, y yo estoy muerto y con un pajarón interesante. Me cojo una Coca Cola y una empanadilla de atún demasiado seca (no tanto como mi boca) que soy incapaz de deglutir (cómo estaría mi cuerpo!). Siento cierta deshidratación, pero me he bebido más de 4 litros de agua en toda la ruta y tampoco ha hecho tanto calor.

perfil cercedilla

Al final, 43  kilómetros pedaleando, 10 más de los esperados por la variante del Alto del León, y un cuerpo escombro que no sirve ni pa choped. Pero… CONSEGUIDO!

2 de mayo de 2010

Tour-y-ocio Castellano II

Proseguimos con el turismo por tierras castellanas, esta vez un poco más alejados de Villanueva y Villalpando.

Medina de Rioseco (33km, 33 min), lo más grandecito que hay, donde comienza uno de los ramales del Canal de Castilla que podéis navegar en su barco turístico. También podéis ver la Fábrica de Harinas contigua al Canal que se puede visitar y con guía. Tras pasear por los soportales de la calle de Lázaro Alonso os merecéis comeros un abisinio en la Pastelería Cubero y tomaros una caña en el Restaurante Pasos, donde podréis daros un homenaje degustando su carta, en especial sus carnes por unos 25-30 €.

Con tiempo podéis ir a Puebla de Sanabria, en la Comarca de Sanabria-Carballeda (página muy interesante), está alejado, 120 km, pero en una hora llegaréis rápido por la Autovía A-52 vía Benavente.

De Puebla lo típico: el Castillo; la Villa en general, sobre todo durante el Mercado Medieval que se celebra en el puente de agosto; las calles empinadas; una sidrería que hay en el exterior mirando hacia el río; la panadería de la esquina; los hoteles horrorosos de la parte nueva, … Conozco el camping Isla de Puebla, en él he llegado a pasar mucho frio en agosto, pero tiene una cafetería curiosa, en  un antiguo molino, digno de tomarse un café.

Desde puebla podréis acceder al Parque Natural del Lago de Sanabria por la ZA-104. Cuando estuve en invierno estaban terminando de construir el nuevo Centro de Interpretación – Casa del Parque, entre Puente y Galende, tengo curiosidad de ver cómo ha quedado, si es que lo han terminado.

El Lago de Sanabria tiene mucha historia y mucho encanto. En verano está un poco masificado porque es la playa de los castellanos. En invierno es místico y evocador. Posee numerosas leyendas y mitos, algunas relacionadas con el desastre de Ribadelago, pueblo reconstruido ubicado al final de la carretera.

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De todos modos os recomiendo subir por San Martín de Castañeda (aquí está el antiguo Centro de Interpretación) hasta la Laguna de los Peces (todo en coche). Pasaréis por un pueblo que se llama Vigo de Sanabria (está en una curva que casi te sales de la carretera). Tampoco es que sea espectacular, pero tiene un horno de pan restaurado en el que yo colaboré (jejeje) preguntad por Chimeno.

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64Bueno, a lo que iba, que merece la pena ir a la Laguna de los Peces por ver un poco más del Parque Natural desde el coche. Si lo que queréis es patear hay innumerables opciones. Las más accesibles y famosas son la Ruta de la Senda de los Monjes, que comunica San Martín de Castañeda con Ribadelago; la Cascada de Sotillo desde el pueblo homónimo; o las más aventureras que comunican Lago Sanabria - Laguna Carros - Laguna Sotillo - Cascada Sotillo-Sotillo; o la que recorre el cañón de Forcadura.

 

Por allí vais a encontrar sitios para comer de sobra y podréis elegir. Yo os recomiendo que al menos os toméis un café en un sitio que hay en El Puente de Sanabria. Ahora mismo no recuerdo si se llama Los Álamos, o algún árbol parecido (hay tantos), se llega desde la carretera que sube hacia el Lago, una vez pasado el puente, la rotonda a la izquierda, por una calle que parece que baja al río, en realidad acaba junto al río. Ahí hay un restaurante que tiene árboles por dentro, con vistas al río, se puede comer de menú económico (10 € en domingo) o a la carta, o como te digo, tomar un café.

Y si de todos estos sitios te quieres traer algún recuerdo gastronómico, te aconsejo:

  • en la gasolinera Repsol de la A-6 (km 216) sentido Madrid, comercializan un queso que fabrican en mi pueblo, no es publicidad gratuita, está buenísimo, se llama Valdeoveja y es un queso curado, de oveja con un toque picante espectacular. Os podéis llevar cuñas.
  • en Urueña, creo que se llama La Real (con la e al revés), es una tienda de regalos y delicatessen, con miel de brezo wena.
  • en la carretera que sube de Puebla al Lago, a pocos km de salir de Puebla a mano derecha hay una nave con techumbre azul, que se llama El Gran Sanabres, y tienen el logo de Cervantes. Comercializan embutidos, te darán de probar, pero el chorizo está buenísimo, si os gusta el picante, arriesgad.
  • en El Puente de Sanabria, junto a la rotonda, haciendo esquina, una panadería – pastelería que hacen unas empanadas de carne buenísísímas. Bueno, en general, disfrutad del pan de tierra de campos.

Como veis no he incluido ningún alojamiento ya que por cuestiones evidentes no lo he necesitado. Pero creo que no tendréis mucho problema en encontrar.

Quiero aclarar que no tengo relación ninguna con ninguno de los locales, bares, restaurantes o servicios que aquí han aparecido. Las recomendaciones vienen de primera persona y de mis conocidos más cercanos. Y en ningún caso están respaldadas, patrocinadas o apoyadas por las entidades, ni por diputaciones, ni por la marca de turismo de Castilla y León.

Que aproveche!!

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Tour-y-ocio Castellano I

El pueblo de mis padres, y por tanto el mío, es Villanueva de los Caballeros, en la provincia de Valladolid pero lindando con Zamora. Típico pueblo castellano interior, de meseta y campos cerealistas, ubicado junto a la Nacional VI (Carretera de la Coruña) en plena Tierra de Campos.

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Cercano a él, a unos 20 km hacia Benavente nos encontramos con Villalpando. Ubicando este pueblo vecino como centro de partida (motivos que ahora no vienen a cuento) a continuación os brindo un recorrido por los pueblos de la zona, que espero disfrutéis si en alguna ocasión os dejáis caer por ahí.

Reserva de las Salinas de Villafáfila (18 km; 27 minutos): por la carretera a Tapioles (ZA-703). Antes de llegar al desvío por el que se accede al pueblo de Villafáfila, veréis el Centro de Interpretación de las Lagunas, es un antiguo palomar restaurado, con lagunas artificiales donde hay ejemplares de algunas especies chulas (ánsares nivales, barnaclas,… y los típicos porrones, azulones, fochas, cucharas, etc) con problemas para volar, es decir, no están 100% encerrados, y te puedes encontrar  fuera de temporada especies invernantes. Tiene un recorrido chulo por dentro de las lagunas, con bastantes miradores, así que llevaos prismáticos y lo que podáis. El Centro está bien, pero es antiguo, por lo que no esperéis ningún lujo tecnológico. El vídeo es interesante aunque está un poco rayado. Los horarios de verano son de 10:30 a 14:00 y de 16:30 a 20:00 h. Más información pinchando el enlace.

En cuanto a las lagunas, en esta página tenéis información. En verano no es la mejor época para las salinas, por que las invernantes se habrán ido y tan solo habrá alguna migratoria rezagada, pero por los alrededores siempre hay avutardas, aguiluchos y demás avifauna de estepas. En cambio en invierno es un espectáculo digno de los más sufridos madrugares. Es posible ver millares de ánsares sobrevolar vuestras cabezas partiendo, a primera hora de la mañana, de los dormideros a los campos donde comen. La población residente y de paso de invernantes hace que la diversidad de avifauna aumente muy considerablemente y haga esta visita un auténtico manjar para los más pajariteros. Para ellos y los interesados en la ornitología y su estacionalidad, siempre me ha cautivado el cartel que hay a la entrada del centro de interpretación que te cuenta qué tipo de aves ver en cada época del año, mes a mes.

Villafáfila - Ánsares 

Si andáis por allí por la tarde, hay un atardecer chulo desde la primera laguna que os habréis cruzado, la de Barillos, donde hay un mirador en un camino a la izquierda (sentido Tapioles => Villafáfila) que parece un local mejicano (qué cosas!).

Pero si queréis ver las lagunas, la Laguna Grande la podéis ver muy bien desde el mirador de Otero de Sariegos, al sur de la laguna. Otero es un pueblo abandonado donde cría, y bastante, el cernícalo primilla, y desde el observatorio tienes unas buenas vistas al “ovni” de Villafáfila.

A Otero se llega desde la ZA-704, y si seguís por la carretera hasta Villarrín a mano derecha hay una laguna donde a veces hay cosas interesantes. No sé cómo estará el tema del campo de golf de Villarrín, por si queréis echaros unos hoyos.

Si os animáis a hacer algún camino con el coche, el que os recomiendo es el que sale de Otero y da la vuelta a la Laguna Grande, desde algún camino anexo, con cuidado podéis ver algún bando de avutardas, son como ovejas.

Para completar un día por allí, podéis visitar el Monasterio de Granja de Moreruela, a partir de Villarrín hacia la Estación de La Tabla girando a la derecha por la ZA-702. En el cruce con la N-630 (Vía de la Plata) giráis a la izquierda, pasáis el pueblo de Granja, y enseguida a mano izquierda hasta Santa María de Moreruela. Este monasterio tiene adosada una importante colonia de cigüeña blanca y de garza real.

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Se me olvidaba comentaros algo de comer por la zona. Yo siempre que estoy por ahí voy de bocata, que comido a la sombra de algún panel informativo sabe rico. Cerca de Villafáfila y de Villalpando, a unos 20 km hay un alojamiento rural nuevo que dan comidas. Es el CTR Pago de Alafes, un antiguo molino restaurado y es un sitio donde no eliges los primeros, te dan lo que tienen (unos platos en función de los que seáis, pero están buenos), y de segundo pues la carnaza (cordero, solomillo, chuletón o churrasco, o el pescadito del día). Es comida a la carta al fin y al cabo y te dejarás unos 25-30 € por barba quizá. Para llegar allí, desde Villarrín hay que salir dirección Castronuevo, y después hacia Belver de los Montes, antes de llegar a este último a mano izquierda rodeado de árboles está, km 28 de la carretera.

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· Urueña (33 km, 29 minutos): lo habréis visto desde la A-6 a la derecha de la bajada, mi pueblo está enfrente, Urueña en lo alto. Es un pueblo declarado Conjunto Histórico-Artístico, con una muralla bastante bien conservada, y declarada Villa del Libro, y de los museos. Si os gustan los libros hay muchas curiosidades por allí. Yo, de siempre, compro libros y detalles en la Librería Alcaraván, junto a la Plaza Mayor. Los museos que he visto que merecen la pena son el Centro Etnográfico de Joaquín Díaz, el Museo de la Música, el Museo de las Campanas, y el Museo LEAR, el más nuevo, que hay en la esquina noroeste de la muralla. No vais a tener problema por encontrarlos, y sino preguntad a alguien por ahí.

Hay sitios chulos para comer allí, y en alguno te puedes dejar dinero, con unos platos bastante curradotes, pero caros. En Los Lagares de Urueña encontraréis mezcolanza entre la comida tradicional con algún maridaje original, mirad en la puerta, tendrán probablemente un menú que ronde los 18-20 lereles, y a la carta 35-40. El Cordero Rampante es otro sitio donde se come bien, por unos 30-35 lereles.

Si no os queréis gastar tanto dinero yo os recomendaría el restaurante La Sequoia que tiene la gasolinera BP que hay en la A-6 junto al desvío oficial de Urueña(km 211). En serio, se come muy bien, tienen menú del día siempre, creo que el domingo son 11 o 12 pavos y los platos se los curran. Lo han hecho nuevo, y nos lo recomendaron hace poco un amigo restaurador (os lo digo para que me creáis). Si pilláis fabada y rabo de toro estofado lo vais a disfrutar.

Para llegar aquí desde Urueña podríais bajar por el sur de la Villa y de paso ver la Ermita de la Anunciada, otro hito característico del pueblo, junto a la muralla, el castillo, y la Puerta del Azogue.

DSCN9580Como veréis, todo aquello es un secarral, pero Urueña está en los Montes Torozos, que llegan hasta Palencia.  En fin, que a 10 km, saliendo de Urueña por su salida nororiental por la VA-5005 hacia Castromonte , podéis ir hasta La Santa Espina. Cuando bajéis por la carretera, os quedará a la derecha el “poblado”, y a la izquierda el Monasterio de la Santa Espina donde supuestamente se guarda una de las espinas de la corona de Jesuscristo cuando murió. Si vais tempranito, antes de las 12, probablemente lo encontréis abierto y os dejen visitarlo, merece la pena.

Últimamente le están dando chance a este conjunto, con información interesante sobre el poblado y el Monasterio a lo largo del paseo que los une. Si os pica el gusanillo de ver naturaleza podéis continuar por la carretera por la que veníais (VP-5004) dirección Castromonte,  en unos kilómetros encontraréis el desvío por un camino a mano izquierda que os conducirá hasta el Embalse de La Espina, que represa las aguas del río Bajoz. Podéis bordear por completo el embalse por un sugerente sendero. Podréis ver cormoranes, anátidas y limícolas.

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Para comer por aquí, en el poblado de La Espina el Mesón Rincón del Labrador, en la calle José Antonio la primera que te encuentras según bajas de la carretera.

15 de marzo de 2010

Viaje a Nueva Zelanda

Itinerario

  • Viaje de ida: Madrid – Barcelona – Milán – Singapur – Auckland (30 horas)
  • Día 1: Auckland
  • Día 2: Whakapapa Thermal Village (Rotorua) y Huka Falls (Taupo)
  • Día 3: Tongariro Alpine Crossing
  • Día 4: Parque Nacional Tongariro - Wellington
  • Día 5: Kayak, Seals and Walk en Abel Tasman
  • Día 6: por la Costa Oeste y Arthur’s Pass
  • Día 7: Glaciares Fox y Franz Josef
  • Día 8: por el Haast Pass y los grandes lagos hasta Queenstown
  • Día 9: Dart River Jet Safari (Glenorchy y Paradise)
  • Día 10: Mildford Sound
  • Día 11: Costa Este (Cabo Nugget y Península de Otago)
  • Día 12: del mar a la montaña (Moeraki – Monte Cook/Aoraki)
  • Día 13: Monte Cook y Monte Sunday tapados por la niebla
  • Viaje de vuelta: Christchurch – Singapur – Milán – Barcelona – Madrid (37 horas)

Comprendiendo Nueva Zelanda

14 de marzo de 2010

La vida en autocaravana

Durante nuestro recorrido a NZ hemos utilizado una caravana Mitsubishi Fuso Canter de la compañía United Campervans. Esta compañía suministra autocaravanas a su filial Alpha cuando su flota cumple los 3 años. Nuestra caravana, de 4 plazas, estaba a punto de cumplir los 3 años, así que nos tocó una de las más viejas.

Tuvimos suerte en Auckland de que nos pudiera atender un chico mejicano que nos explicó pormenorizadamente el funcionamiento del vehículo.

Al ser uno menos pudimos dormir a lo ancho de la caravana, a Dani le tocó dormir en el habitáculo que se encuentra sobre los asientos de adelante, el primo durmió en el sillón de atrás del todo, y yo en unos sillones individuales que se unían gracias a la mesa. He de decir que dormí todos los días fantásticamente, ayudado de la paliza que nos metíamos todos los días. Algún día hizo frío, mucho frío, y el que lo sufría más era Dani que estaba más expuesto a la chapa exterior del vehículo. Pero teníamos unos edredones que daban bastante abrigo, así que ningún día tuve que utilizar la manta.

Tenía una cocina que funcionaba a gas, al igual que el calentador. La bombona había que abrirla cuando parábamos y acordarnos de cerrarla siempre que nos íbamos (todos los días menos uno). Disponía de un horno que no sabíamos que tenía, una pequeña bandeja en la que fuimos capaces de meter dos pizzas una encima de la otra. Lo malo es que era grill y solo calentaba la parte de arriba y más una mitad que la otra, por lo que tenías que ir moviendo las pizzas de arriba abajo y en círculo. Al final acabamos siendo unos expertos pizzeros, porque descubrimos que tras el golpe de grill lo mejor era subirla donde los fogones que disponían de un respiradero para el grill por donde salía el calor que tostaba la parte de debajo de las pizzas. Mamma mía!

El baño no lo llegamos a utilizar nunca, NZ es un país tan cuidado que está plagado de WC por todo el territorio. Todos los pueblos tienen uno público, muy bien cuidado y limpio, y todas las zonas algo turísticas también disponen de uno. Esto nos quedó claro desde el primer día, junto al lago Okareka, que tenía dos baños limpísimos que nos encargamos de estrenar. Sobra decir que carecen de cisterna, pues poseen un pozo o fosa séptica que luego me imagino, se encargarán de recoger y limpiar.

Lo único que utilizamos fue la ducha un par de días. No está mal, si quisieras podrías ducharte mientras cagas y limpias los platos, porque todo acaba en el mismo sitio. El lavabo se pliega y el resto de agua que no se ha ido por el desagüe, cae al “plato” de ducha. El agua se calienta por una resistencia, aunque algún día le costó calentar el agua..

Tanto el agua de ducha como el de fregar los platos acaba en un depósito de aguas grises. Lástima de que no tenga un nivel para saber cuándo está prácticamente lleno. La primera vez nos dimos cuenta cuando estábamos fregando y el agua sucia y maloliente empezó a rezumar por la ducha. Era una forma de saberlo, pero la toalla hubiera preferido saberlo antes.

Este depósito lo podía vaciar en una Dump Station. Los camping las tienen, y algunos pueblos también. Un día tuvimos que parar en una que estaba en un lugar de alquiles de coches, y el tio nos dijo que funcionaba con una “golden coin”. Tuvimos que cambiar un billete y cuando nos acercamos a la Dump Station lo que tiene es una especia de hucha para que des un donativo. Qué tio!

Cuando vacías las aguas grises aprovechas para rellenar el depósito de agua. No sabemos cuánto tendrá de capacidad, pero se tiraba un rato recargándose con la manguera. Cuando veíamos que tardaba más sabíamos que habíamos estado cerca del límite de rebosar las aguas grises.

En los campings todo esto se hacía sin problema, previo pago por la place, claro. Te conectabas a la corriente y podías disponer de corriente en los enchufes, y del microondas, mientras cargabas la batería de la “casa”. Luego nos dimos cuenta que esta batería se carga también al circular con la caravana, pero el mexicano nos dijo que no, y cuando consultamos internet tampoco parecía que esto ocurriera, hecho que te obligaba a parar en un camping cada 3 días (aunque nuestra higiene lo agradecía).

Como los enchufes no funcionan si no estás conectado a red, y eso ya lo sabíamos de antemano, nos compramos un transformador de 12 V (los de la batería de la caravana) a 220 V (los de los aparatos electrónicos que utilizábamos) que se conectaba a la toma del mechero. La verdad que nos vino muy bien, funcionaba a 100 W y tenía un ventiladorcito para refrigerar, y también podía recargar mediante USB. Una buena compra, y barata a través de dealextreme.com

Evidentemente todo en la caravana tenía que poderse cerrar para poder circular con seguridad. Y esto se hacía gracias a unos pulsadores que servían de tirador en los armarios y cajones. Debías cerciorarte de que estaban cerrados antes de emprender la marcha porque te podías llevar una ingrata sorpresa. Y así nos ocurrió un par de veces, sin mayor problema de no ser por el cajón de la vajilla. Éste era un cajón grande, vertical, con carriles extensible donde se guardaba la vajilla ordenadamente. Un día se abrió en marcha y los carriles debieron sufrir. Ya no estaban para muchos trotes porque el cajón andaba siempre descolgado, pero ese día acabaron por salirse de madre todos los pequeños tornillos que tenía, y nos tocó arreglarlo para poder seguir adelante.

Ya el mexicano nos explicó que no utilizásemos para arrancar la 1ª marcha, que era muy potente. Así que teníamos para utilizar las 2ª, 3ª, 4ª y 5ª. Descubrimos que no era ese el único problema del motor nipón. En las subidas no muy pronunciadas la 4ª ahogaba el motor en 1.300 rpm, cuando cambiabas a 3ª tenía fuerza suficiente y subías hasta 4.500 rpm entrando en la zona roja, cambiabas a 4ª y te volvías a quedar sin fuerza. Así que la solución era ir en 3ª sin pisarle, despacito para no llegar a la zona roja de las revoluciones. Un coñazo.

El invento que hemos descubierto ha sido la ayuda al freno motor. Una palanquita a la izquierda del volante que activa y desactiva este freno que aumenta el efecto del freno motor. Tanto era así que en llano no era necesario usar el pedal del freno. Y menos mal, porque bajando, si lo pisabas era como si nada, aquello apenas reducía la marcha, y en pendientes acusadas llegaba a acojonar. Un invento que hacía rugir el motor y la salida de aire.

Y qué decir tiene del hecho de conducir por el lado contrario al que estás acostumbrado. Te situabas a la derecha del vehículo, tenías que cambiar con la izquierda que la palanca encima estaba dura de cojones. Las luces estaban a la izquierda y los intermitentes a la derecha.

La labor del copiloto los primeros días era fundamental. Era el que te recordaba que en los giros a la derecha te tenías que abrir, y en los de izquierdas te tenías que cerrar. Y el que estaba sentado más a la izquierda te iba controlando el arcén, porque los primeros días tendías a salirte de la carretera. Pero todo eso duró unos 3 días, luego eras dueño y señor de la caravana.

En carretera por Nueva Zelanda

Hay varios tipos de carreteras en NZ: las aburridas con rectas interminables, y las divertidas con curvas. De estas últimas, las hay: espectaculares con curvas enlazadas entre altos árboles y selvas de helechos (como el Need For Speed, o el Outrun), y tortuosas con curvas a 75, 65, 55, 45, 35, 25 ó incluso 15 km/h.

Las primeras que comentábamos, las aburridas con rectas interminables, las encontramos mucho por la Isla Norte, entre el centro y el sur, en la vertical de Wellington. Y así pudimos alcanzar el máximo de velocidad de la caravana, quizá hasta con el recuerdo de alguna foto. Estas carreteras, aún con curvas, poseen lo que llaman “Passing Lane” cada ciertos kilómetros. Son lo que conocemos aquí como carril lento. El vehículo lento se queda pegado a la izquierda y el rápido le adelanta por la derecha, salvo camino de Wellington donde me pude aburrir de hacer adelantamientos a toda clase de coches, incluidos Porsche. Les cogía el rebufo para no perder tiempo, e incluso me llevé algún susto por lo cerca que me dejaba.

Algo que observamos en estas carreteras es que la gente en NZ apenas mira en las incorporaciones, lo justo para ver que no te les vas a llevar inmediatamente por delante. Pero si ven que te echas encima porque no han esperado lo suficiente, se apartan al arcén para dejarte pasar. Me convence poco esta medida, porque el que llega por detrás ve cómo su autocaravana no va a ser capaz de frenar, y tampoco adelantarle por el trozo de carril que queda.

Las carreteras con curvas divertidas las encontramos principalmente en la Costa Oeste de la Isla Sur, en concreto entre Punakaiki y la zona de los glaciares. Flipaba cuando pasé Hokitika y empezamos a entrar a las estriaciones de los Alpes Meridionales, por carreteras sinuosas pero abiertas, con alto arbolado, con vegetación por todas partes, miles de helechos… De repente se abre la vegetación y te deja ver el cauce de un río pedregoso con mermadas aguas lechosas, que hace poco portaban millones de litros de caudal. Y como telón de fondo montañas que superan los 2.000 m de altura, con alguna cumbre nevada.

Las carreteras más sinuosas evidentemente están en la escarpada Isla Sur. Son famosas las carreteras alpinas de Arthur´s Pass y Haast Pass, o la que te concede acceso a Mildfor Sound. Cierto es que alguna parte puede ser empinada y complicada, como la bajada del viaducto de Arthur`s Pass, o tras pasar el túnel de Homer camino de Mildfor. Pero sin duda fueron otras las que nos sorprendieron con sus curvas y su dificultad: la garganta del Buller, la carretera del Whangamoa camino de Abel Tasman, o la llegada a Keiteriteri.

Pero sin duda en donde peor lo hemos pasado ha sido en la “carretera” que nos iba a conducir al Monte Sunday. Sus piedras y sus ovejas nos impidieron llegar a ver el lugar donde se rodó Édoras de El Señor de los Anillos. O la carretera de vistas panorámicas que nos llevaba de Kaka al Cabo Nugget, o la carretera desde Dunedin hasta la península de Otago con sus curvas al pie del agua. Y la peor de todas creo que fue en la misma Península de Otago, cuando quisimos llegar a la Bahía Sandfly, con una carretera retorcida, empinada, aunque de hermosas vistas.

Un común denominador en todas estas carreteras era la existencia de obras por todas ellas, y en cualquier estado. Te podías encontrar con un carril cortado, para lo cual te hacían ir por el lateral de la carretera, pero sin asfaltar. O encontrarte la carretera enteramente sin asfaltar, entonces o podían cortar un carril y regulaban el paso con un semáforo portátil, o circulabas libremente y con mucho cuidado. También nos encontramos con muchos tramos señalizados con obras pero que tan solo se cortaba el arcén con conos y no había ningún resto de trabajo realizado. De todos modos, tampoco vimos mucha gente trabajando en las obras, si acaso cuando más vimos fue el día entre Rotorúa y Taupo, y era domingo!

En todas ellas, salvo en las capitales claro, los puentes era de un único carril. El que llegara antes pasaba, y sino, estaba señalizada la preferencia. En los más largos, al igual que en el túnel de Homer, había unos apartaderos para que fueras cruzándote con otros vehículos. Incluso hubo un puente, creo que por la Costa Oeste, en donde se compartía el puente con el tren. Es decir, circulabas por las vías del tren. Y no creáis que estaba regulado por un semáforo, no, un ceda al paso!

Bueno, lo de los trenes también era alucinante. Sobre todo en la zona anterior a Dunedin, coexistías por completo con la línea férrea. En pocos cruces existía barrera, y en menos semáforo. Había numerosos cruces con tan sólo un ceda al paso, y de difícil panorámica. Incluso llegamos a ver una vía de tren atravesando una rotonda! Podíais creer que las vías estaban en desuso, o que pasaba un tren cada semana, pero nos llegamos a cruzar con uno, que eso sí, circulaba lento. Menos mal que en ese caso nos tocó un cruce con semáforos.

Hablando de cruces, allí no son rectos, es decir cruzas una carretera pero no continúas recto, tienes que incorporarte unos metros para girar de nuevo, es como si el cruce estuviera movido, discontinuo. Era algo que nos parecía peligroso.

Y en las ciudades, pues lo curioso es que en los cruces de calles tienes tu semáforo en la línea de detención previa al cruce, y otro semáforo enfrente, que te corresponde a ti. De forma que si tu efectúas un giro te encontrarás con un semáforo posiblemente cerrado, pero que no te afecta a ti sino al que ahora dejas tras de ti.

Para acabar, desde el punto de vista del peatón, en Auckland nos sorprendió lo poco que duraban los semáforos, y que éstos no tenían muñeco verde, sino ausencia de muñeco rojo, increíble. Bueno, y los pasos de cebra en diagonal, que obligan a detener el paso de todos los vehículos.

Menos mal que con tantas cosas no tuvimos ningún percance, salvo la pedrada que nos lanzó un tractor que estaba limpiando una cuneta, y que nos dejó un hermoso regalito en la luna. Hay que recordar que en este país no existe un examen práctico de conducir, de forma que la gente que conduce es como si no hubiera ido nunca a una autoescuela. Qué mejor sitio que la carretera para hacerse conductor. De hecho nosotros hemos pensado en sacarnos el carné de camión ya que con las carreteras que hemos sufrido y el bicho que hemos tenido que conducir, nos vemos capaces de llevar cualquier trailer.

20 de febrero de 2010

19 Febrero 2010: el día tonto

Últimas sensaciones en la caravana, las prisas de dejarlo todo recogido, tirar todo lo que ha sobrado y lo que no hemos utilizado o se puede compartir lo dejamos en el camping. La oficina de United Campervans abre a las 8, cuando salimos del camping. Hay que repostar, y dejar los depósitos de aguas grises y negras vacíos. Buscamos la oficina de United y llegamos a la de Kea, nos hemos confundido. Pero todas están cerca del aeropuerto. Adecentamos un poco la imagen de la caravana, nos cobrarían 50 $NZ por la limpieza, pero al final no nos penalizaron. La devolvimos en perfecto estado, salvo el chinazo en la luna delantera que a la chica le parece muy grande. Del trozo de plástico que se nos desprendió ayer no se ha notado nada. Todo parece estar correcto. Nos devuelven el dinero que gastamos en reponer el gas (LPG) y nos indican que hemos hecho 4.120 km!!!! salvajada, mucho para dos semanas como nos indica la chica de United.

Ellos mismos se encargarán de llevarnos a l aeropuerto. Buscamos la terminal internacional y en cuanto entramos probamos a pesar las maletas. La del primo y mía pesan 18,9 kg (la del primo vino con 9 kilos), y la de Dani 19,5 kg, uyyyy. Así que estamos contentos con nuestra disposición de pesos.

Toca ir al mostrador de Singapore Airlines, donde nos facturan las maletas hasta Madrid, con dudas del operario de si Barcelona y Madrid eran las dos ciudades de España. Esta gente se preocupa porque le entendamos y eso supone que haga preguntas que no entendemos, al final es mejor que vaya al grano que es lo que controlamos. Nos indica que tenemos que pasar por caja, y es que en este aeropuerto hay que pagar para salir. No hay quien lo entienda, pero es así, 25 $NZ cada uno.

Pasamos el control de pasaportes, y luego el de seguridad, en el que me hacen un registro de la mochila, que va reventar de recuerdos del país. Ya estamos en zona internacional, hacemos las últimas compras, gastamos unos dólares en unas carreras en los recreativos, y estamos embarcando a las 11:45 camino de Singapur.

Nueva Zelanda nos regala un último día soleado que nos permite ver desde el avión las cumbres nevadas de los Alpes del Sur. Algo caprichoso ha sido el tiempo meteorológico de estos días, pero en general no nos podemos quejar de lo que nos hemos encontrado.

Por delante quedan infinidad de horas de vuelo: hemos empezado con 10 horas hasta Singapur. Allí hemos tenido que hacer una escala interminable de 6 horas, en la que hemos aprovechado para ponernos un poco al día con la conexión a internet que tienen allí los ordenadores, hemos aprovechado los automatismo que incorporan todos los elementos del aeropuerto, nos hemos dado un masaje en los pies, hemos montado en el tren eléctrico que conduce solo que va de una terminal a otra. Lo que nos hemos hecho es comprar ningún artilugio electrónico ya que los precios están más o menos a como lo encontramos en las tiendas en las que compramos en España.

A las 11:45 despegamos de Singapur, y emprendemos un turbulento viaje hasta Milán de 12 horas y media, en la que hemos aprovechado para dormir pero con unos meneos de mucho cuidao. No hace falta decir que tanto en un vuelo como en otro de Singapore Airlines nos han agasajado en demasía con tanta comida como en la ida.

Aterrizados en Milán hemos tenido que esperar a que bajara una buena parte del pasaje, y que limpiaran el avión. Hora y media esperando parados, a las 7:20 salimos de Milán, en un vuelo corto donde hemos podido observar desde el aire los Alpes Italianos nevadísimos. Hemos llegado por fin a tierras españolas a las 8:45. Se hacía raro oir hablar castellano, en el mostrador de Air Europa estábamos medio dormidos, y después en el control de seguridad hemos tenido todos los problemas que no hemos tenido en medio mundo: me he tenido que quitar las botas, sacar fuera el portatil, ponerlo en una bandeja aparte con lo que ya tenía que mover 3 bandejas, y encima en el arco de seguridad voy y pito, con mis pantalones de algodon y mi camiseta de poliester. Como no sea la mierda que llevo encima….

Nos queda esperar hasta las 11:30 que salga nuestro puente aereo hasta Madrid, y por fin, tras 25 horas con los pies despegados del suelo, y 37 horas de aeropuertos y aviones, habremos llegado a casa.

Frase de la jornada:

Yo: “el viaje este ha sido largo de cojones”

Primo: “pues a mi se me ha pasado volando….”