25 de septiembre de 2011

Bicicochinillo: Cercedilla – Fuenfría - Segovia

POR FIN

Por fin llevamos a cabo este plan que andaba delante de nosotros un par de años. Por fin retomamos las salidas en bici aventureras. Por fin vuelvo a salir con alguno de mis compis de siempre de ruta. Por fin se anima gente nueva. Por fin una ruta por la Sierra con los del curro. Por fin una ascensión digna.

Ha sido la ruta del reencuentro: con los nuevos, con los de siempre, con la bici y con la Sierra. Y un reencuentro muy digno, con un colofón por todo lo alto, un gran día.

Organizados por compañeros del curro, nos presentamos en Cercedilla a las 9:15. Allí hemos quedado Dani, Alberto, Pablo y sus colegas Antonio y Nica, Óscar, Bea y Dani y un servidor. Hace fresquete aún pero las primeras rampas camino de Las Dehesas nos hacen entrar rápidamente en calor. Hemos decidido no internarnos por la Calzada Romana, que pese a ser mucho más bonito y entretenido, podría suponer mayor complicación tanto en el pedaleo como a la hora de decidir qué camino había que coger.

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Las primeras rampas por la carretera saliendo de Cercedilla las tomamos fuertes, quizá por la ansiedad de afrontar la subida. Esto va a suponer que se empiece a quedar gente. Miro para atrás y veo que Bea y Dani toman sabiamente su ritmo, el ritmo de Bea, y a uno de los amigos de Pablo que va de naranja. Junto al desvío del Hospital de la Fuenfría nos agrupamos y esperamos bastantes minutos a que lleguen los rezagados. Antonio se entera de que Nica se ha quedado “indispuesto” agarrado a un árbol. Pobre chaval, le hemos visto solo de pasada y nos hemos puesto a tirar como aberraos, se debe haber asustado y entre que no pillas el ritmo y que no vas con gente que conoces… conozco la sensación, y a veces la cabeza es peor que las piernas. En fin, se vuelve para el tren, una baja. Pero los que no aparecen son Bea y Dani. Óscar y Alberto bajan a buscarles y al final estamos en tres grupos separados que no sabemos ni donde anda cada uno, menos mal que decidimos ir por el camino fácil…

image Finalmente nos acabamos juntando todos en las primeras rampas duras tras los aparcamientos de Las Dehesas. Lo que hemos pasado hasta ahora no era nada fácil, pero lo que tocaba afrontar a continuación iba a ser lo más duro de la subida, lo sabía de la ocasión anterior en la que subimos. En el km 5 se encuentran las rampas más duras, con una pendiente media del 12 % con un asfalto descarnado, desconchado y con gravilla suelta. Aquí cada uno a su ritmo. Me he quedado atrás, Dani Rubio coge buena marcheta y me deja tirado. Atrás queda Bea, le doy la bendición cuando ha pasado lo más duro de bajarse de la bici pero la tía se agarra como una lapa al manillar de su bici rígida-rígida. Lo veníamos comentando en la subida. Esa bici puede llegar a pesar más de un 50 % de lo que pesan las nuestras, y lo que es peor lleva un desarrollo con un plato pequeño de unos cuantos dientes más que los nuestros y un piñón bastante más pequeño, es decir, que tienes que hacer mucha fuerza para mover los pedales. Pero la tía sube que te sube sin bajarse.

Cruzamos la calzada romana y seguimos por la Carretera de la República. Me junto con Óscar que me va a subir hasta el Mirador de Vicente Aleixandre a buen ritmo, él con el plato mediano y yo con los piñones medianos. Este tramos es más tendido, un 9 % de media con algún descansillo. Mientras conversamos de bicis Óscar no me deja bajar de 10 km/h. Mis pulsaciones a su aire sin bajar de 175 bpm. El resultado es que pillamos a los que van por delante y casi cojo a Dani que es el primero en llegar al mirador del poeta. Primeras impresiones, un descanso, el piti de Pablo y unas fotos con las buenas vistas de la Sierra de Madrid.

image SAM_0193Retomamos el camino y nos hemos quedado un poco fríos, yo al menos lo tengo en la bajadita tras el mirador. Luego el terreno no castiga demasiado si no has llegado mal. Sobre un 8 % los últimos 4 km que pedaleo charlando con Pablo hasta llegar a la cima del Puerto de la Fuenfría en el km 13 de ruta. Ni frio ni calor, un día estupendo. Repostamos en la cima del puerto con Monton de Trigo vigilándonos y pidiendo que le subamos este año. Nos sorprende un tinglao montado en el puerto con pucheros y un cocinero como si hubiera un catering, al que finalmente se aproxima un grupo con camisetas naranjas. Pero a nosotros nos espera el cochinillo segoviano, que no desmerece nada.

SAM_0200 SAM_0203 Pero para llegar hay que bajar, teóricamente lo más fácil, siguiendo el trazado del Camino de Santiago con sus flechas amarillas. El primer tramo de bajada, hasta Fuente la Reina, tiene muchas, muchísimas piedras, y hay que bajar con velocidad pero con cuidado. Seguimos pensando en qué debe sentir Bea con su bici sin suspensión.

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Nos agrupamos, rellenamos agua y ajustamos la horquilla de Alberto, decidimos el camino a tomar y de nuevo para abajo. Ahora es un tramo de asfalto nuevo que deja rodar muy bien y a gran velocidad. Tomamos el desvío de la izquierda dejando el camino de la derecha, imaginamos que más interesante, para otra ocasión. La carretera se empina más cuesta abajo y alcanzamos gran velocidad.

El camino que habíamos evitado es la calzada romana que se vuelve a cruzar delante de nosotros unos 5 km más adelante. Indico que hay que seguir recto y que en el cruce con la siguiente pista asfaltada nos vemos, espero a los rezagados para dar la misma indicación. El último tramo asfaltado es una bajada vertiginosa que acaba junto a la tapia empedrada de una finca ganadera. Juraría haber quedado allí, pero no hay nadie… han seguido bajando, por un tramo con aún más pendiente. Aviso por el walkie, y negocio por el móvil. Si no hubiera sido por el cochinillo en Segovia hubiéramos acabado en Valsaín. Pero había ganas de comer bien, y los chavales se pegaron un calentón a subir la cuesta que se acordarán durante un tiempo.

SAM_0209 Hemos abandonado los pinares de Valsaín y entramos en una zona adehesada algo despoblado de encinas. Es difícil encontrar el camino, pero navegando con el GPS consigo encontrar un sendero que baja hacia la ciudad del horizonte: Segovia.  Es algo técnico, con toboganes y saltos, piedras por el camino y algún pedrusco más grande que hace estar muy atentos. Lo vamos salvando como podemos, solo Bea tiene un incidente al bajarse de la bici en una de las reuniones, cuando se cae por un terraplén sin mayor problema que el rebozarse por el polvo.

Los chavales ya no corren tanto, y esperan en los cruces a ver por dónde hay que ir, tanto es así, que Pablo que va justo delante de mi frena en seco y estoy a punto de tragármelo y darnos un buen tortazo. Bajamos un poco el sillín y pedaleamos ya por un sendero con más alternativas en la trazada y con más margen de error que el anterior. Así acabamos llegando al cruce con una carretera donde la pendiente suaviza mucho. Se trata de seguir dando pedales por una ancha vereda, con senderos paralelos más divertidos, hasta cruzar las vías del AVE y la Carretera de Circunvalación de Segovia.

SAM_0216 Ya podemos oler el cochinillo. Hemos calculado muy bien la hora y vamos a poder tomarnos una caña antes tranquilamente mientras esperamos a Luis de Ossorno que se ha venido de Salamanca a compartir mesa con nosotros.

Entramos triunfalmente por las calles de Segovia, dejamos la visita del acueducto para después de comer, y guío al grupo GPS en mano hasta el restaurante donde hemos reservado mesa: Venta Magullo, que se encuentra en La Lastrilla a unos 3 km de Segovia. Llegamos sin mayor problema pensando en que luego hay que desandar este camino después de comer hasta el tren. A las puertas del restaurante nos espera una concentración de coches americanos muy chulos, pero los más chulos somos nosotros con la pedazo de ruta y el día que hemos cogido, 38 km hasta la puerta del restaurante y garaje para las bicis, todo un lujazo que se ha buscado Dani Rubio para la ocasión.

SAM_0218 SAM_0224 Tan solo nos queda dar cuenta de una suculenta comida: exquisitas croquetitas, chorizo a la olla, revuelto de boletus con hojaldre, ensalda y COCHINILLO, una muy buena tajada sí señor, de crujiente piel y grasita, mu rico mu rico. Lástima que luego tengamos que coger la bici de nuevo, si no hubiera abusado aún más de mi tajada, pero tampoco podía evitar tomarme alguno de los llamativos postres: lágrima de chocolate con crema de avellana y helado de yogur bañado en crema de toffe. Y no podía faltar un buen vino de mesa. Salió todo por unos 45 € pero comimos muy bien, en cantidad y de calidad, nos lo habíamos ganado.

SAM_0226 SAM_0227 Ahora “solo” quedaba recuperar las bicis, visitar el acueducto romano y buscar la estación. Ante la espera unos licores y después un viaje de 40 minutos en Cercanías con las bicis hacinadas hasta Cercedilla, y el coche hasta Madrid. Ah! bajando del tren descubrí que había pinchado.

SAM_0247 Y pa la próxima, que se apunten los que han faltado y exploraremos los caminos de bajada que pueden ser más emocionantes que el asfalto.

26 de julio de 2011

Presa Rota de Vega de Tera

Tengo cuentas pendientes con la comarca de Sanabria que poco a poco voy saldando, creo que con buena nota. Son muchos años yendo al Parque Natural del Lago de Sanabria y sus alrededores, últimamente son varias las rutas por las que lo he recorrido, pero había una que quedaba pendiente. Desde que conocí el Lago me impresionó su paisaje y después su trágica historia. La de unas aguas que dan vida y que esconden la muerte.

En esta historia cumple un papel importante el Cañón del Río Tera y el río que lo surca, pero no menos clave es la mano del hombre que transforma la naturaleza a su antojo, creyéndose el amo de todo sin pagar ningún tributo. Tal pago fue ejecutado una gélida noche de enero en el año 1959, cuando las aguas embalsadas del río Tera reventaban la mampostería cayendo brutalmente sobre los vecinos de Ribadelago. 144  personas desaparecieron, buena parte niños, y tan sólo 29 fueron encontradas. El resto descansa en las aguas del Lago en lo que hasta hace poco era la mayor tragedia humanitaria de nuestro país.

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Quería rendir un homenaje a esas víctimas, aprovechando la espectacularidad del paisaje, y marcarme una ruta por el recorrido que llevaron las aguas hasta la desgracia, y encontrarme con la causante y primera víctima de la tragedia, la Presa de Vega de Tera.

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Diversas eran las posibilidades y muchas dudas me presentaron hasta el momento final. Finalmente, tras indagar opiniones de otros senderistas me decidí a subir directamente por el Cañón del Tera, superar la presa y continuar por la pista que da acceso a los innumerables embalses de la cuenca superior. Para bajar habría varias opciones, o bajar por el Cañón del Cárdenas o por el plano inclinado de Moncabril.

Madrugué para emprender el viaje, y con el castigo de no encontrar pan para el camino me puse en marcha a las 9:30 de la mañana. Las noches habían estado siendo frescas pero a esas horas la temperatura era perfecta. Comienzo la ruta desde el aparcamiento de Ribadelago junto a una pareja que dejo que me adelante para caminar más tranquilo.

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El inicio es una bonita senda bajo los árboles, pero pronto voy a comprobar lo que la guía ya me advertía: el causado estiaje del Tera en verano. Las superficies de agua que aparecía eran mansas y casi estancadas, y el agua fluía apenas por algún regato. Se “vadea” el río en un par de ocasiones, pero en vez de agua lleva piedras. Seguro que hay épocas más bonitas para el disfrute del paisaje, pero con las rocas húmedas el camino sería muy difícil.

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En seguida abandono la senda de tierra para afrontar las primeras rocas que hay que superar en el camino. Se gana altura de menos a más, subiendo rocas, bordeándolas, intentando encontrar las estacas que marcan el camino, al más puro estilo de la Alta Pedriza. He de decir que es un itinerario marcado por la gente del Parque, pero escaso en indicaciones. DSCN9577

Nos encontraremos con algunas estacas de color verde, y algunas más flechas verdes pintadas en las rocas. Por suerte los hitos de piedra ayudan a seguir el camino correcto, en la mayoría de casos, por que hay ocasiones en las que te conducen hacia alguna panorámica, y cuando quieres volver sobre tus pasos has perdido el camino. Considero por ello indispensable el GPS y tener conocimientos de orientación. Con esto y un poco de sensatez no tendremos problema, al fin y al cabo estamos en un cañón fluvial, no hay muchas opciones, aún que sí piedras que escalar.

 DSCN9584 Fotografío y me remojo en la Poza de las Ninfas, donde compruebo el porqué de su nombre, mucho menos mágico y más entomológico. Voy atrancado en ritmo, me cuesta mucho progresar y me espoleo comiendo arándanos deshidratados.

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Así consigo llegar hasta una preciosa cascada que rellena una poza que provoca el baño, pero no caigo en sus garras y tras fotografiarla prosigo el camino buscando mi próximo hito, la Cueva de San Martín, destino lógico de muchas otras caminatas. Llevaba 5 km caminando, para los cuales había invertido 3 horas. 

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La Cueva de San Martín se trata de una laguna de oscuras aguas, presidida por una pequeña cascada que de nuevo invita a l baño. Y como necesitaba un merecido descanso aproveché para darme un chapuzón. Las aguas estaban frías, pero he de decir que no tanto como las de alguna piscina que conozco. Me reconfortó la musculatura y de nuevo repuse algo de energía y líquido aunque con la preocupación de acabar la mitad de mi agua cuando quedaba aún tanto por recorrer.

DSCN9632 - DSCN9633 - 4483x1965 - SCUL-Smartblend Cuando proseguí el camino me encontré con una pareja que es estaba dando un baño, y con tres jóvenes que bajaban la laguna, sería al únicas personas que me encontrase en este tramo de la ruta. Afronto este segundo tramo de la ruta que es menos exigente en cuanto a la pendiente, sin desaparecer los tramos de roca que hay que sortear y escalar. Si os fijáis en el perfil de la ruta apenas gano 200 m en 4 km, pero tardo 2 horas en recorrerlo. Cada paso es verdaderamente desalentador. Te enfrentas a espesas zonas de arbusto, con las escobas campanilleando sus legumbres, robles, enebros, rosas y zarzas… cantidad ingente de vegetación que te impide el paso, te oculta el sendero y te araña la piel a tu paso. No sé qué fue más duro si progresar sobre la roca o progresar bajo una vegetación que tapaba el camino con metros de altura.

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Pero por fin divisé a lo lejos Presa Rota. Y tal fue la emoción, que perdí el track que estaba siguiendo, caminando ahora por la izquierda del río y siguiendo los hitos de piedra. Me costó mucho encontrarlos, en algún momento no había problema porque caminaba sobre roca,  y me acercaba al río a ver si encontraba algún sitio donde corriera más el agua y poder beber algo. En otros momentos de nuevo la vegetación se apoderaba del sendero y perdía referencias para avanzar.

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Cuando llegué al muro de mampostería me invadía el cansancio, la duda y la preocupación por saber que me estaba quedando sin agua, y el desasosiego al contemplar la devastación. Observando los restos de la presa esparcidos por el cauce y divisando la mampostería en mal estado que aún se aprecia en la presa, recordaba los números de la tragedia: 8 millones de metros cúbicos de agua en la madrugada de una noche de invierno en la que el termómetro de Galende marcaba -18ºC; un frente de agua de 9 m de altura que llegó rápidamente al pueblo de Ribadelago situado 8 km aguas abajo y que apenas tuvo tiempo de protegerse tras escuchar el estruendo del agua que desbordaba; 144 muertos, la mitad mujeres y niños, 28 cadáveres recuperados y ningún responsable procesado. Si queréis más información podéis echarle un vistazo al programa de Documentos TV que TVE emitió en 2009 conmemorando los 50 años de la tragedia.

DSCN9650 - DSCN9657 - 7368x2064 - CCUL-SmartblendDSCN9663 Recordando y haciendo fotos comencé a subir hasta los restos de la presa, y me olvidé del hambre que tenía. Cuando quise buscar un sitio para descansar y comer, me encontraba en la pista que sirve de acceso a los embalses de la Confederación Hidrográfica y Endesa, y no había sombra bajo la que cobijarse así pues me tuve que conformar con una cuneta bajo una piedra.

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Saqué las viandas: frutos secos, un poco de jamón, queso curado y fuet… lo mejor que hay cuando escasea el agua. Menos mal que traía una lata de coca-cola que era lo que me animaba a seguir desde hace un buen rato. Pero era imposible deglutir nada, tenía la boca como una alpargata y todo se me hacía bola. Nada, unas rodajas de fuet y un trozo de queso y a seguir el camino.

Continuaba el tramo de subida hasta llegar al collado. Pero era un tramo cómodo de pista que me permitía avanzar a un ritmo bueno bajo un sol de justicia. Me quedaba medio litro de agua en el botellín de la bici, con un buen trozo de hielo que me la iba a mantener fresca todo el camino, pero había que racionarla. Un buche cada pocos km y música en mis oidos para no pensar en ello.

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Llegamos al collado desde donde se divisa Vega de Conde y Peña Trevinca al norte y nuestro camino y el embalse de Garandones al sur. Durante la subida me crucé un con todoterreno que iba hacia la presa y me tranquilizó pensar que tenía que volver y si pasaba algo me podía socorrer. Y así fue, cuando dió la vuelta y me sobrepasó le paré, le pregunté por una fuente cercana y me indicó que por el camino que iba a llevar yo no encontraría ninguna, ni en las instalaciones de Moncabril. Así que muy amablemente me ofreció su agua, casi medio litro que me dio la vida en ese momento, y me animó a seguir más tranquilo.

Fueron cayendo los km con rapidez divisando las parameras de alta montaña de Sanabria, donde hace siglos se instaló el hielo. He de indicar que lo que nos rodea es un paisaje glaciar, el valle del Tera es un valle en artesa, pero como el carácter fluvial que posee ahora es muy marcado, la verdad, que ahora mismo se aprecia mal el modelado glaciar. Otro de los efectos de esta acción del hielo son las innumerables lagunas que pueblan las cumbres, que han favorecido el aprovechamiento hidroeléctrico de la zona mediante la construcción de los numerosos embalses que ahora divisamos. Tal es el caso del embalse de los Garandones, sobre el cañón del Cárdenas que curiosamente se construyó también con material suelto justo después de la tragedia de Vega de Tera.

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Mi decisión final es dejar el Cañón del Cárdenas para otra ocasión y descender junto al plano inclinado de las instalaciones de Moncabril. Para ello tomo el desvío junto al embalse de Garandones y camino entre Pico del Fraile y su laguna, para acceder poco después a las casetas de los operarios que controlan todas las presas del lugar desde el Alto de Moncabril. Desde aquí la panorámica es inmejorable con el Lago de Sanabria al fondo, los dos Ribadelagos en su orilla, y los cañones fluviales del Tera y del Cárdenas a izquierda y derecha respectivamente.

DSCN9705 DSCN9707 - DSCN9715 - 8453x2623 - SCUL-Smartblend La guía que había manejado indicaba como posible punto de acopio de agua estas instalaciones, pero el chaval del todoterreno me dijo que aquí no había fuente. Cual fue mi sorpresa al comprobar que por una pared caía agua, que se acumulaba en un pequeño pebetero del que surgí un minúsculo e insignificante chorrito de agua. Pero para mi eso significaba saciar toda mi sed, y como caminante en el desierto tragué ansioso, haciendo uso de mis manos, más aire que agua. Resultado: al poco tiempo cuando empezaba la bajada estaba hinchado y con flato.

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La bajada que afrontaba ahora era muy pronunciada: en 2,5 km descendería 530 m zigzagueando, por eso decidí no hacer la ruta en sentido contrario. Fue muy exigente para mis pies que acumulaban ya más de 20 km y se resentía de sus plantas. Aún con flato seguía con sed, y buscaba el río que cruzaba una y otra vez bajo mis pies, pero no había forma de acceder a él por los numerosos helechos que lo protegían. Así llegué a divisar el plano inclinado, la infraestructura construida por Hidroeléctrica de Moncabril para subir a los operarios y trabajadores al Alto de Moncabril a través de un tren de tipo cremallera por la inclinada pendiente.

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Ya contaba las curvas que tenía que dar el camino para llegar a Mocabril, abajo, y desde ahí recorrer el “escaso” kilómetro y medio hasta el coche. Pero en Ribadelago me esperaba el anhelo del día: un bote de aquarius y una botella de fresca agua que bebida a sorbos esta vez me supo a agua bendita.

DSCN9755 Mientras recorría estos últimos metros reconocía mi imprudencia en cuanto al aprovisionamiento del agua, lo duro de la subida hasta Cueva de San Martín, y el fatigoso tramo hasta Presa Rota. Había subestimado la ruta en dureza. En distancia, como siempre ocurre, había hecho más de lo planificado, 25 kilómetros habiendo hecho el tramo corto al final. Por su significado es de las rutas más bonitas que haya hecho, también de las más duras por todos los factores (11horas y media caminando bajo el sol de julio), si bien es cierto el rio estaba muy seco. Es de entender que en primavera tiene que ser una ruta preciosa y bastante interesante hasta Cueva de San Martín. También existe la posibilidad de salir desde la Laguna de los Peces y bajar directamente a Cueva de San Martín y desde ahí acceder a Presa Rota, o llegar hasta allí por la pista que nace en Porto en todoterreno o bicicleta. En todo caso el paisaje y el esfuerzo es espectacular, pero siempre recompensado.

Si sois aficionados a la pesca o la naturaleza en sí, os recomiendo echarle un ojo al reportaje de Jara y Sedal, en el que veréis la ruta desde la Laguna de los Peces, y la dureza del camino.

Para finalizar con este homenaje, os dejo unas fotos históricas cedidas a La Opinión de Zamora por el Archivo Histórico Provincial y la Subdelegación del Gobierno. En su memoria.

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Track wikiloc de la ruta

3 de julio de 2011

Ruta al Eresma: por los pinares de Valsaín.

Hace bastante calor en Madrid, pero las piernas piden montaña estos días. Planteo una opción algo diferente estos días, adecuada a mis circunstancias, y acabamos quedando a las 12 en el Puerto de Navacerrada para hacer una rutilla que nos llevará a comer junto al Eresma y a disfrutar del frescor de una tarde de sábado en la Sierra de Madrid, todo un lujo para los días que corren.
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En esta ocasión nos hemos juntado Dani, Nacho y yo. El conocedor de la ruta es Dani que se había hecho parte de esta ruta (y algo más duro) hace un par de años. Comienza junto al aparcamiento grande del puerto, entre la carretera que baja a La Granja y la que sigue a Cotos. Debe haber un acceso más sencillo, pero acabamos bajando por un torrente-escombrera muy incómodo. En un rato, que se hace largo, conectamos con un sendero (viene de atrás, quizá de la carretera) que baja con bastante pendiente. Es como si fuéramos siguiente el Camino de la Sotela, pero no coincide nuestra posición con la de dicho camino en el GPS.
SONY DSC El descenso es acusado y la pendiente pronunciada en algunos momentos. Empiezo a preguntarme (y no pararé en toda la ruta) cómo pudo bajar Dani por aquí con la bici. En esto que nos encontramos con un ciclista que sube en modo empujabike, y lo que le queda! El bonito sendero acaba cruzando un par de arroyos y se convierte en una pista asfaltada que conecta con la GR-10, pero que abandonamos al poco tiempo cruzando el Arroyo del Puerto del Paular.
SONY DSC Yo le impondría a este arroyo el nombre de Río Eresma, pues éste lleva su nombre una vez que se encuentra con el Arroyo de las Lombrices, bajo el Puente de la Cantina. Decidimos seguir nuestro camino por un precioso sendero que discurre contiguo al arroyo, entre pinos, innumerables helechos, avellanos y diversos árboles que mi olvidado conocimiento botánico me impiden reconocer.
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Según nos acercamos a la Fuente de la Cantina, junto al puente, comenzamos a ver cada vez a más gente que se ha acercado a pasar el sábado a comer junto al río. Nosotros en ese punto no íbamos a ser menos, pero en ese momento caigo en que me he olvidado el bocadillo en el coche de Nacho, así que tengo que recurrir a las viandas de mis compañeros para no pasar hambre, que no la pasé.
SONY DSC Llevábamos 5´5 km y hasta aquí llevábamos un track previsto, a partir de aquí tocaba improvisar para ir volviendo hacia Navacerrada. Decidimos subir hacia la Fuenfría por la GR-10-1 que sube cerca del Arroyo Minguete. No entendemos porqué motivo pero esta pista está asfaltada, pero muy bien asfaltada (los islandeses fliparían). Al final decido cambiar mis botas por las sandalias de montaña que traigo (bocata e impermeable no, pero sandalias sí). Así que durante un rato voy fresco mientras mis compañeros se mofan al oír la tormenta en la distancia.
SONY DSC Algunos centenares de metros después abandonamos la pista asfaltada por una pista a mano izquierda, y poco después de cruzar el Arroyo Minguete giramos también a la izquierda en pronunciada subida. Me cambio de calzado y a sudar. Salimos a una nueva senda, el Camino de Lumbralejos, pero en vez de tirar hacia el oeste dirección Fuenfría, Dani nos lleva por el este en busca de un bonito sendero conocido como el Carril del Gallo. Seguimos caminando en solitario, la tormenta sigue rugiendo pero cada vez más lejos, yo creo que esta vez me salvo.
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Ya casi son las 18 h de la tarde y conectamos con la Senda de los Cospes que viene del Puerto de la Fuenfría. Decidimos no ir hacia la Fuenfría pues sería ir para volver, y evaluamos nuestro estado físico. Nacho ha estado todo el día afectado por la alergia y de piernas no anda sobrado, Dani también tuvo algo de alergia al principio, y yo ya voy notando la longitud de la ruta. Así pues renunciamos a subir hacia Siete Picos y reanudamos el camino hacia al Puerto de Navacerrada vía Camino Schmidt, encontrándonos de nuevo con bastantes caminantes, personas con cierta edad, jóvenes, padres jóvenes con sus niños a cuestas, hordas de niños, ciclistas desafiando el “cierre” del Camino Schmidt, algún solitario soñador leyendo con Valsaín de trasfondo… en general, lo que la naturaleza ha ido pariendo se va juntando en sus brazos en una agradable tarde de sábado.
Nuestro camino termina junto al puerto, en el bar de la esquina, donde empezamos, con unos tercios de cerveza que nos saben a gloria. Un día muy fino.
ParaDani: para la siguiente me llevo la cámara de fotos y te saco alguna, jeje.