11 de febrero de 2010

10 febrero 2010: Abel Tasman Nacional Park (Nuevo!)

Como hemos dormido al final pasado Motueka, y cerca de Kaiteriteri, podemos dormir algo más pero sin despistarnos, que hoy hemos quedado para antes de las 9 para hacer un circuito por el Parque Nacional de Abel Tasman, que comprenderá paseo en kayak, en barco y andando, por las aguas de este intacto lugar.

Cuando llegamos a la caseta de Wilsons ATNP con los que vamos a hacer la actividad Kayak, Seals and Walk, aún no hay nadie. Por una vez llegamos pronto, y es que no empieza hasta las 9.30, cuando tenemos que quedar con nuestra guía Katherina. Descubro que nuestra reserva está a nombre de “De Lues ????” (literal). Ya nos aclaran que estaremos haciendo kayak un par de horas, comeremos aquí y a las 13.30 nos llevará un barco a una playa donde nos dejará para que hagamos una caminata de 2 horas, y vuelta para Kaiteriteri, un total de 8 horas, a darle caña. Tengo que preguntarle al chico si tenemos incluida la comida, ya que eso es lo que nos decía la Agencia. Lo tenían que corroborar.

A las 9.30, con las chanclas, el bañador, y las cámaras en bolsas nos presentamos a Katherina, una chica joven, de veintipocos con pinta de haber estudiado ambientales si hubiera estado en España. Nos presenta a nuestros compañeros de actividad, dos señoras y dos caballeros que venían de Estados Unidos, aunque yo a alguno entendí Mexico. En fin, tenían buen rollo, sobre todo una de las mujeres, y les entendíamos mejor que a los neozelandeses. Es curioso que nos hacen firmar un papel donde  damos permiso a que nos socorran en caso de incidente, y nos piden un número de teléfono y persona de contacto por si pasase algo…

Nos vamos hasta la playa donde están los kayak. La monitora nos explica un poco el funcionamiento del bicho. Nos enteramos de las cosas más importantes ya  que lo hace bastante entendible. Nos colocamos el poncho protector que nos queda tipo can-can, lo cual hace gracia a los americanos (los españoles cómo no, haciendo el payaso), y un salvavidas que da tranquilidad al primo. El poncho es de los que te cierra dentro de la canoa, por lo que la maniobra de salida de ésta en caso de vuelco nos parece un tanto arriesgada. Parece fácil salir de allí, pero habría que verlo cabeza abajo de dentro del agua. Esperemos que no haya ocasión de ensayarlo.

Como los kayaks son de dos plazas, Dani es el voluntario para ir con la monitora. Emprendemos el paseo y pronto comenzamos a ver los primeros cormoranes posados en los árboles. Creo que son cormoranes moñudos como los de aquí, pero con el vientre blanco. Katherina, muy simpática, va haciendo la visita guiada. Nosotros prestamos atención al principio, pero no nos enteramos de casi nada. Le pregunto que si se pueden ver aquí pingüinos, y creo entender que sí, pero que en verano no. Cuando avanzamos Dani y sus guardaespaldas intentamos mantener alguna conversación con Katherina, y aprovechamos para enseñarla español. “Hola, me llamo Katherina” y cosas del estilo. La pregunto que si conoce a algún cantante español, y me dice Shakira, a lo cual nos reímos todos.

Averiguamos que la ruta es de 2 km ir y otros 2 volver. Al principio le damos fuerte a las palas, y cansa bastante. Avanzamos y descansamos, aunque creo que el primo, que le llevo de timonel, en algún momento me engaña y deja de remar más de la cuenta.

Vamos haciendo paradas, y al rato llegamos a una playa, la de Split Apple Rock, con su característica roca partida por la mitad. Aprovechamos para hacer fotos, llega un barco de visitas y chupamos cámara. Katherina nos comenta que si queremos parar en la orilla, y entonces tenemos que remar fuerte y en perpendicular a la playa para conseguir encallar en la arena.

Nos bajamos del kayak con los brazos ya doloridos. Caminamos hasta una cueva que hay donde la guía nos muestra la diferencia entre los tipos de sedimentos que encontramos. Los que forman la arena de playa que son ligeros, y otros más oscuros que vienen arrastrados de la montaña que son mucho más pesados. También podemos observar una especie de fósiles que hay en la roca, como si de trilobites se tratara, es muy curioso.

Llega el momento de darse la vuelta. Montamos en el kayak y siguen pasando cormoranes, y alguna garza que no puedo identificar. Es increíble la de pájaros y de chicharras que pueblan los cercanos árboles. Las aguas son cristalinas, pero diría que no tanto como las de Menorca en sus mejores momentos.

En la vuelta nos encontramos con algo más movidita el agua, ya sea porque vamos más alejados de la costa, o porque están pasando embarcaciones que dejan su estela. El primo pasan algún apuro con los meneos, pero estabilizando el kayak no hay mayor problema. Ya en la bahía de Kaiteriteri disfrutamos relajados de la experiencia y de lo que el Parque nos ofrece. No está siendo como pensaba en cuanto a que imaginaba las playas soleadas con gente bañándose. El día ha salido nublado, lo que quita algo de belleza al lugar, creo yo. Y en las playas no hay absolutamente nadie bañándose, y tampoco es que haga tanto frío.

Concluimos con unas fotos con la simpática Katherina, y nos vamos hacia la caseta a recoger la comida. Solo tenían dos bolsas y no tienen nuestro nombre, así que nos da que no lo tenían calculado, pero comemos. Un trozo de quiché de espinaca, un rollo vegetariano, un muslo de pollo, una barrita de chocolate, una pasta, zumo, una naranja y una manzana. Nos vamos a por la bolsa que faltaba en la que pone escrito en el cartón “De Luis”, ¡qué ilusión!

Ahora toca esperar al barco que nos llevará hasta la playa de Tonga Quarry. Tenemos que esperarle porque viene con retraso, pero nos avisan oportunamente. Cuando atraca empiezan a bajar señoras con maletas y sus perritos. Algo extrañados al final nos damos cuenta de que un poco más al norte existen unos Beachfront Lodges bastante lujosos.

Montamos en cubierta, pero el día no está siendo para nada soleado y hace fresquete, aunque la ocasión merece la pena. Pasamos por delante de la playa de Medlands donde luego nos recogerán. Y avanzamos más allá de Tonga Quarry para ver la colonia de focas que están dormidas encima de la roca. Alguien desde la playa habrá echado cinco duros y empiezan a moverse al estilo Cortilandia. Qué majas. Quizá porque vamos con retraso no estamos mucho tiempo viendo a las focas, y en seguida vamos a desembarcar en Tonga Quarry.

No nos termina de quedar clara la duración de la caminata, porque el tío del mostrador nos dijo que 50 minutos, pero los carteles ponen 2 horas, que es justo el tiempo que nos han dado para recogernos. En cuanto se va el barco al fin y al cabo estamos abandonados en una playa incomunicada. Así que nos ponemos a andar para intentar no ser como siempre los más retrasados. Los primeros metros son cuesta arriba para tomar altura, y se hacen cansados. Pero enseguida comienzas a caminar por una especie de selva con cientos de helechos. Por fin encontramos el famoso “Silver Fern” característico de este país. Es hermoso y llamativo, con su envés blanquecino.  Seguimos caminando con un grupo de francesas detrás de nosotros que será referencia para saber si tardamos o no.

Proseguimos serpenteando por la ladera de la montaña, parece que va acabando la caminata, y cuando bajamos aparece un cartel que te indica por abajo cuando la marea está baja, y que subas un poco cuando la marea está alta. Nos ha parecido que la marea estaba baja, así que continuamos para abajo.

Cuando llegamos a la orilla nos topamos con una masa de agua que nos separa de la arena. No es que esté demasiado alta la marea, pero lo justo para no poder meternos en el agua con las zapatillas, las cámaras y demás parafernalia turista. Nos planteamos subir para ir por el lado largo, pero podemos avanzar saltando por las piedras de la orilla, como si de la Pedri se tratara. Las francesas tiran para adelante, y nosotros no seremos menos.

Ya en la orilla, relajados, caen unas cuantas fotos a este rincón del Mar de Tasmania. Son las 16 h y no nos recogen hasta las 16.30. Pero vemos que llega una embarcación pequeña que se lleva a la gente que había en la playa, y nos quedamos solos. Es extraño que hayamos sido los primeros en llegar, y de la gente que había tomado de referencia no había nadie. Tan solo aparece un matrimonio que anda tan despistado como nosotros. Consultamos un mapa y nos percatamos de que el lugar donde nos van a recoger no es esta playa sino una cala que está al lado, así que comienzan los nervios y aumenta la tensión. Salgo rápido para la cala mientras éstos se colocan de nuevo las zapatillas. Me da que si no estamos en la cala no esperarán.

Por suerte en unos 10 minutos llegamos y allí vemos aún a los compañeros de viaje. El barco llega tarde, y parte rumbo a Kaiteriteri haciendo numerosas escalas recogiendo a gente que está en otras playas, bien porque les han dejado antes por allí, o porque están haciendo alguna ruta. El caso es que paramos en sitios que antes no hemos parado.

Y así, acabamos llegando de nuevo a Kaiteriteri, donde tan sólo nos queda coger de nuevo la caravana, para emprender viaje, por tierra esta vez, hacia nuestro próximo destino: Punakaiki.

Al acabar tan pronto las actividades nos queda tiempo de luz por delante para ver algo el camino. Tomamos una carretera que atraviesa numerosas poblaciones aunque de pocas casas. Dejamos a la derecha el Parque Nacional de Kahurangi, hermano de Abel Tasman, donde no hay poblaciones ni carreteras hasta la costa. En lazamos con la SH-6 y se nos hace de noche atravesando la  garganta del Buller. Preciosa angostura de tortuosa carretera. No llegamos a entrar a Westport, y ya circulamos en paralelo a la selvática Costa Oeste.

He leído en la Lonely Planet que en Charleston hay un café-bar que cierra tarde, y es el centro de operaciones de Norwest Adventures, una empresa que organiza rafting subterráneo por cuevas cargadas de luciérnagas. Nos apetecería tomarnos una cerveza y meditar la posibilidad de hacer la actividad mañana, que además incluye un traslado en tren (el único medio de transporte que nos falta por coger) a través de la selva tropical. Pero cuando pasamos por Charleston está todo a oscuras, no hay rastro de actividad y lo que parecía un bar tiene aspecto de traspasado, así que continuamos nuestro camino y nuestros planes.

Cerca de Punakaiki dejamos hoy la caravana. Dormiremos medianamente horizontales a un lado de la carretera, y muy cerquita del mar violento.

9 febrero 2010

Hoy tocaba día de enlace, y como en las grandes vueltas ciclistas, no iba a suponer un descanso. Comenzaba el día viendo  el monte Ruapehu, imaginando a Frodo con su pesada carga subiendo por sus laderas.

Partimos dirección Wellington, toca cambiar de isla y tenemos el ferry Interislander a las 18:25. Pero de camino teníamos deberes pendientes: confirmar las actividades que tenías próximamente. La más inmediata era la del kayak en Abel Tasman, que la teníamos que tener confirmada ya. Paramos en la primera cabina que nos encontramos de camino y ahí empezó la odisea “in inglis”. Lo primero que te sale es una grabación que no hay forma de entender, deja paso a una operadora, a la que saludo y lanzo mi requerimiento. Iba preparado con unas frases y con lo que supondría me iba a preguntar, pero la cosa se fue complicando por momentos, y lo mejor que me salió fue cuando le dije que mi inglés era muy malo que lo sentía mucho pero que no la entendía. Les dices que te hablen despacio y te vuelven a soltar un rollo larguísimo, que a la segunda frase ya has perdido el hilo. ¿No pueden dar instracciones en breves pasos? Por lo visto me estaba contando que tenía que estar minutos antes de la hora indicada, que si tenía comida contratada y que si dormíamos lejos ellos nos acercaban en bus gratuito, y que sino podíamosdormir en sus hoteles. Pero claro, eso lo supongoa  toro pasado.

Luego le tocó el turno al primo, confirmando la actividad del glaciar Fox. Una auténtica aventura, pudo decir la hora unas veinte veces, la cambiaron y la descabiaron. Y lo más sangrante, que también me pasó a mi, es que te preguntan el apellido veinte veces y como no lo entienden se lo tienes que deletrear.

El siguiente paso era hacer compra, para ello paramos en Wanganui. Iba todo bien, compramos lo necesario y poco más, echamos el ojo a un sitio donde comer rápido y seguro, pero cuando estábamos guardando la comida se nos rompió el cajón de la vajilla, no pudiéndose cerrar. Así que nos tuvimos que poner de manitas para arreglarlo, buscando tornillos y destornilladores, al final nos decantamos por lo único que había, una resina epoxy que a día de hoy parece que va aguantando.

A todo esto el tiempo había pasado, y cuando el primo mete en el GPS el destino de la ruta, Wellington, nos pone que llegaríamos a las 17:30, y teníamos que estar una hora antes para sacar los billetes.

Así que ahí me veis a mi cogiendo la caravana por esas carreteras que posee NZ, pegado a la costa rebajando tiempo al GPS. Primero fue adelantar un tractor, luego una caravana en un “passing lane”, luego adelantar con tráfico de frente, luego adelantar coches, y cuando me puse a adelantar a un Porsche Cayene, a 120 km/h y las ruedas casi despegaron del suelo (literalmente) reduje un poco la marcha. A todo esto nos estábamos quedando sin gasolina así que tenía que combinar el darle caña con el ahorro de carburante.

Finalmente tuvimos que repostar antes de llegar a Wellington y llegamos con la hora pegadísima, ns separamos para lo billetes y llevar la caravana a la cola y finalmente pudimos entrar, muy por los pelos y haciendo todo tipo de pillerías, pero llegamos a tiempo.

En el ferry, disfrutar de las vistas y el frescor, decir adiós a la isla norte, y hola a la isla sur, aun que ya de noche.

Y para continuar con este ajetreado y estresante  día, otras tres horas de viaje que condujo Dani hasta Motueka. Y cuando quisimos aparcar para echarnos a dormir todos los sitios viables tenían el cartel de prohibido acampar, prohibido aparcar o prohibido pasar la noche. En fin que dimos más vueltas que un tonto para acabar en un sitio inclinado, sin cenar y reventaos.

8 Febrero 2010: Tongariro Alpine Crossing

Alguien dijo “camina o reviente” y tenía muchísima razón.

Nos despertamos en el Camping Kiwi Holiday Park de Taupo a las 6 de la mañana, estaba amaneciendo ya pero allí nadie se movía. Estos turistas son los que antes se van a la cama o no es para madrugar, aunque claro, están de vacaciones.

Habíamos quedado a las 8 con el gitano de Tongariro Crossing, el que nos iba a llevar desde Ketetahi Car Park hasta Mangatepopo Car Park. Salimos con tiempo, sin desayunar y llegamos justos, para preparar la mochila y salir corriendo que casi se nos escapa con el resto de la gente. 20 $ por persona el viaje. Unos compañeros entretenidísimos, todos con caras largas, como de muy concentrados ante lo que iban a hacer, o haciéndose los interesantes. Nos cayeron mal. A la llegada se fueron inmediatamente.

Nosotros como españoles que somos tardamos en prepararnos e hicimos toda la ruta muuuuy tranquilos. El track, de los más valorados como caminatas de un día, consta de algo más de 19 kilómetros de sentido único ( en principio), que asciendo de los 1.100 metros de Mangatepopo, hasta los más de 1.900 de m de los cráteres centrales del volcán Tongariro.

Las imágenes, muchas, hablan por si solas, y en los vídeos las comento yo, jeje. Solo comentar algunos detalles: que los extranjeros son unos secos que no dicen nada y ni siquiera saludan, les debe faltar la sangre latina. Únicamente destacar un hombre que viajaba solo que nos preguntó sobre el trípode de Dani y estuvimos intentando explicarle las características, luego coincidimos en unos cuantos puntos más del recorrido. Y una chica koreana que arriba del todo se ofreció voluntariamente a hacernos una foto, comentó que si éramos españoles, no sé con qué fin, pero algunas palabras intercambiamos, pues estuvo haciendo unas cuantas fotos, al igual que nosotros en la cresta del cráter central.

Otra anécdota para recordar fue ese momento en el que el que suscribe se le ocurrió, en plena cresta, intentar tocar con la punta del bastón una discontinuidad geológica en el borde. Como el cerebro humano es muy joputa, pues decidió ordenar a mi mano abrirse, resbalándose de mi muñeca el bastón y cayendo un par de metros precipicio abajo. Era jugarse la vida intentar bajar a recuperarlo, ya que solo existía un rsbalón y caías hasta el fondo del cráter. Cuando ya me estaba despidiendo de él celebrando que ningún sitio podía ser mejor para al fin separarnos, a Dani se le ocurrió utilizar su trípode que con el mando consiguió llegar a la cinta del bastón y subirlo. Qué espectáculo, quizá andemos por youtube.

La ruta es espectacular, la primera parte hasta  Soda Springs es tranquilita, con algún repecho, pero disfrutando del valle volcánico. A partir de ahí una dura subida con escaleras (toda la ruta iba a estar bien señalizada y muy intervenida para evitar erosión y riesgos) para llegar a la base del Monte Ngarauhoe. No subimos porque es espectacular la pendiente que tiene. La cima además estaba nublada.

De ahí por la llanura del cráter Sur del Tongariro. Y luego una fuerte subida por la falta sur, hasta la cresta que da acceso al Red Crater. Hermosas vistas desde allí, con estratos de rojo intenso, caídas espectaculares (incluida la del bastón), restos piroclásticos, pero entraba la niebla… y se ponía a llover.

En la bajada, espectacular también y muy empinada, por fin los lagos Esmeralda y Azul, no hay palabras. Se alternaba la niebla con la lluvia y el sol, y con las fumarolas que salían del las laderas del cráter. Enfrente teníamos el Blue Lake, grandísimo, debajo el Emerald Lake, y a nuestra izquierda el cráter central del Tongariro. Las vistas hacia atrás desde el Blue Lake (Te wai-whakaiata-o-te Rangihiroa) son magestuosas, con poca imaginación puedes pensar cómo era el volcán y cómo al explotar se fue desmenuzando y creándose cráteres y luego lagos. De impresión.

Tras esto comienza la insufrible bajada hasta Ketetahi, a través de un piso alpino-subalpino, que no está mal pero que cansa en ese momento de la ruta. Ademças no termina nunca, pasas la Ketetahi Hut y sigues bajando, pudiendo ver muuuuuy lejos dónde está aparcada la caravana. Hacia arriba puedes ver las fumarolas y vapores de Ketetahi Hot Springs, y oler de primera mano sus gases.

La sorpresa final son los últimos kilómetros de la ruta, a través de una laurisilva impresionante, cargada de verdor, infinidad de plantas tropicales, algún Kauri, diversidad de helechos en un metro cuadrado, el río, con sus cascadas… y por fin tras mucho, mucho esfuerzo, 10 horas de ruta, llegamos al fin.

7 febrero 2010

Nuestro propósito de hoy es ver las zonas geotermales de Rotorúa y alrededores. Tras unas dudas y pasar por el I-site para nada, vamos hasta Te Puía a ver su conjunto de geíseres y zonas termales. Contratamos una visita guiada (XX $), de la que no nos vamos a enterar de nada, pero que nos da acceso a la zona y donde echamos toda la mañana.

Por la tarde vamos a Wai-o-tapu, pero paramos a comer en el Lago Oakara. Al llegar a la zona termal donde queremos ver la Champagne Pool, nos damos cuenta que está cerrado, son las 5 de la tarde y la última visita era a las 15:45.

Solo nos queda ir hasta Taupo a un camping Kiwi, e intentar ver las Huka Falls. Al final no salió mal la jugada, porque es espectacular. Un canal de agua blanquecina espumeante y rabiosa que baja desde el lago Taupo, con una sección inicial de 100 m y 4 de profundidad, pasa a una sección en el canal de 25 m de ancho y 10 de profundidad. Qué violencia el salto final.

Después nos fuimos a ver los rápidos de Airrrrrrrrr pero como han construido una central hidroeléctrica solo hay agua suficiente en los rápidos a unas determinadas horas, que no iban a ser en las que estábamos nosotros. Una vueltecita por el lugar y al camping a cargar pilas, que mañana es duro.

6 febrero 2010

Nos hemos despertado hoy en el Hotel Oakwood Manor Motor.

Hemos ido a por la campervan y hemos conseguido que nos atendiera un chaval mexicano muy majo que nos ha exlicado tod el funciomamiento de la caravana. Mu completa la oficina de United Campervans, con conexión a internet y máquina de café que nos ha servido para desayunar y despejarnos.

Hemos conocido a una pareja de alemanes muy majos, l hombre había vivido en Vitoria y ha reconocido nuestro lenguaje. Hemos estado charlan sobre nuestro viaje, y alguna cosa más.

El primo ha sido el primero en ponerse a conducir por la izquierda un bicho de tan magnas dimensiones. Hemos ido a hacer la compra, ha sido un poc locura porque el supermercado Food Town Airport era grandecito y tenía muchos tipos de cada cosa que mirábamos para comprar. Al final ha salido todo por 342 $, hemos comprado bastantes cosas, pero lo hemos tenido que pagar con cash porque no conseguíamos que pasara la cartera.

Después hemos ido al centro de Auckland, una nueva aventura para conducir. Hemos conseguido aparcar y hemos pagado la novatada, bueno, hemos pagado 4 h de aparcamiento (4$) un día de fiesta en el que no se cobra el servicio de parking.

Íbamos a visitar la Sky Tower, subimos hasta lo más alto que se podía subir, un Total Tower hasta el Sky Deck (28 $) a 220 msnm. Asombrosas panorámicas y gente mu loca descolgándose desde lo más alto y paseando por las pasarelas exteriores de la torre. A esos les quería yo ver trabajando en una refinería.

Esperçabamos algo más, pero bueno, las vistas están bien, de toda la bahía. Hemos hecho una compra y al bajar hemos experimentado lo que es cruzar un cruce en diagonal. Hemos aprovechado para tomarnos un perrito caliente estilo Baviera (como el alemán pesado!) por 5’50 €, o eso creemos. A la vuelta a la campervan, la anécdota de ayudar a unos pintas a arrancar un coche cuesta arriba. Ay que ver la de maquis y coches de maquis que hay por esta ciudad, y nos referimos a coches tipo NFS underground. Ah, lo que también hay es buen género femenino, eso o que nos hemos encontrado de golpe y porrazo con el veranito sus prendas y las mujeres.

Tocaba salir de Auckland, y tras mirar campings, tiramos hacia Rotorua. 240 km en más de 3 horas en las que hemos conducido el resto de integrantes. Hemos experimentado lo que es conducir una caravana en NZ (que si derecha cerrada, izquierda abierta, que te vas hacia la izquierda y te sales de la carretera, la piernas que pegan en el volante, la palanca de cambios en el otro lado, arranca en 2ª, utiliza el freno motor, no te pases de revoluciones, que no se te muera en un subida, la marchas duras, que no entrar… una locura.

Todo para qué,? para llegar al camping seleccionado y encontrarlo cerrado, sabíamos que podíamos entrar y pagar el día siguiente pero hacerlo el primer día sin saber dónde están las plazas, como te conectas ni nada del estilo era arriesgar. Así que aprovechamos nuestra condiciçon de caracolillos, y tiramos por la carretera del Lago hasta que se acabó y allí hemos dejado la caravana, en medio de la más oscura noche. Cenita en horno de gas (una especie de fajitas de pollo y un bollo) deshacer la maleta, birras y a dormir. Y eso es lo que voy a hacer que se me llevan cerrando los ojos unas cuantas horas.

7 de febrero de 2010

4-5 febrero 2010: Comienza la aventura (NUEVO!)

Salimos con más pena que gloria de casa, sin haber dormido nada o unas pocas horas, y tras haber envuelto las maletas cual chopped que será el alimento de cada día.

La tensión que llevábamos por facturar el equipaje quedó dispersada después de que una operadora con mucho sueño nos lo arreglara todo para mandárnoslas hasta Auckland. Primer objetivo conseuido, íbamos a poder desembarcar tranquilos del vuelo Madrid-Barcelona, que tardaba en despegar. El vuelo aterriza a las 8.15, le echamos un ojo las cintas de las maletas para corroborar que no han salido, y en el mostrador de Singapur Airlines nos activan el check-in online que el primo llevaba. Va todo bien…

A las 10.00 hora española montamos en un peazo avión mucho más grande que cualquier otro en el que hubiéramos montado. La primera sensación tras ver los asientos de la clase bussines es de los ojos como platos por el tamaño del sillón-cama que tienen. Nuestros asientos son más pequeños, evidentemente, incluso un poco más de lo que esperaba, Vienen equipados con enchufe a 110V, la típica toma de auriculares y una pantalla plana de 11” con su mando para poder acceder a multitud de juegos, películas, documentales, libros, programas para aprender idiomas, música y la posibilidad de conectar nuestras propias memorias (aunque acabamos de comprobar que solo podemos reproducir audio). El espacio para las piernas es amplio, con reposapies, y asiento reclinable aunque poco. Lo que más me gusta es que tanto en nuestra pantalla como en la del fondo del avión hay una reproducción sobre mapa tipo google earth con el recorrido del avión, incluso la orientación del aparato. E información sobre altitud, temperatura, velocidad del vuelo, distancia recorrida, hora de destino, hora de llegada, y lo peor: lo que nos queda por recorrer. Pero la primera escala solo son 70 minutos, hasta Milán.

Durante el recorrido ya nos empiezan a agasajar, nos dan el menú de este vuelo, con aperitivos, menú de comida, bebidas, más aperitivos y desayuno. Estarán continuamente pasando ofreciéndote bebida, y cada cierto tiempo pues con snacks, sandwiches (el primero hecho en Valladolid, por cierto), etc.

La comida muy bien: una tarrinita con pasta con jamón, un panecillo con mantequilla, unas crackers con queso blanco, a elegir entre pechuga de pollo con verduritas y champiñones y tortilla o ternera guisada a la pimienta con verduritas y arroz frito. La verdad es que muy rico que estaba. Y de postre un pastelito rico, y un café o un té, pero el primero que me tomé me dejó tocado, no arriesgo.

Y lo dicho, aquí seguimos viendo cómo se va reduciendo el tiempo hasta nuestro próximo destino, un tanto agobiante porque tras intentar dormir algo al despertar descubres que aún te quedan 10 horas de vuelo, y que al aterrizar en 50 minutos te montarás en otro avión similar frente a otras tantas 10 horas.

Y es que, qué grande es el mundo por dios! es una lástima que casi todo el viaje ha sido con nubes y sol de frente porque no hemos podido ir viendo por donde pasábamos: Sofía, Montenegro, Turquía, Israel, Damasco, Dubai, Bahaerin, Arabia Saudí, Bombai… Ahora son las 20.10 hora española, viajamos a 1000 km/h 10.600 m sobre la India, es de noche, la primera noche de las dos que nos encontraremos en nuestro VUELO…

Se hace realmente interminable. En Singapur el trasbordo se hace relativamente rápido y sin problemas, hemos podido conectarnos a internet. Estamos ya muy cansados, y en el vuelo nos siguen dando comida, nuestro estómago no admite más. Nos dormimos unas horas que hacen que el vuelo sea más llevadero. Volamos sobre el basto desierto australiano, con dunas y formas extrañas en su superficie.

Tenemos que rellenar un cuestiorio de entrada al país neozelandés en el que tenemos que declarar si llevamos o no ciertas cosas que no puedes introducir en el país, como comida, semillas, ornamentos hechos con partes animales o vegetales, y si llevas botas de senderismo, material de acampada, elementos de pesca o submarinismo, etc así como declarar cuál es tu trabajo actual, si has estado trabajando con animales o en alguna granja, y dónde has estado últimamente. Vamos que te van metiendo miedo.

Yo a estas alturas estaba jugando a los juegos del avión y me quedaba dormido literalmente moviendo el mando, o entre tirada y tirada. Ha sido curioso cuando una hora antes de llegar Dani ha dicho que podíamos dormir un ratito antes de llegar, y los tres sin mediar más palabra nos hemos quedado sumidos en un profundo sueño.

Por fin tocamos suelo en las antípodas españolas, y ahora toca la tensión de la entrada al país. Según desciendes del avión ya vas viendo intercalados los carteles de bienvenida muy bonitos, con los que te avisan de que o declaras, o pagas o dejas tus objetos que no puedes introducir.

Antes de poder recoger nuestras maletas pasamos por el control de inmigración. Primeras tensiones en una cola interminable. Viajamos juntos, pasamos por los controles junto. Como no hemos puesto dirección de residencia en la isla nos pregunta que qué vamos a hacer: “motorhome for 2 weeks” y que dónde vamos a pasar la noche. Pasamos sin mayor problema.

En la siguiente puerta nos encontramos con nuestras maletas saliendo a la cinta. Nos parece increible que hayan llegado aquí sin problema, estamos asombrados. El siguiente paso será pasar la aduana. Como hemos declarado las botas de montaña pasamos por la puerta roja de elementos sospechosos. Nos preguntas si llevamos “foof” y si tenemos “boots” anda, que las palabras podrían ser más diferentes. Pero no hemos tenido problema.

Nos enfrentamos a la zona donde te abren las maletas, y ya ves alguna persona con las botas chorreando dentro de una bolsa plástica. Solo se preocupan de las botas, con las de Dani y con las mías no hay problema, pero las del primo se la llevan a limpiar. Sin mayor problema, un desinfectado y listo.

La siguiente prueba es la de los rayos X en la maleta. Y aquí vienen las primeras tensiones, porque una mujer maorí con malas artes nos echa a Dani y a mi para atrás y nos manda de nuevo a pasar los controles. Intento explicarla que ya los hemos pasado, y tras una discusión bastante tonta le digo literalmente “ya hemos pasado el control” a lo que me mira con mala cara. Menos mal que Dani estaba alli y me dice que nohay problema,que pasamos de nuevo. El asunto debía ser que el OK solo lo llevaba escrito el primo en su tarjeta, y que no nos lo había escrito en las nuestras. Así que de nuevo a pasar la revisión de las maletas.

Y como no, surgen más problemas, porque me encuentran el haki que llevo mugroso. El tio (otro diferente) lo coje con asco, lo inspecciona, lo aprieta, y Dani dice “rice”, noooooo “it’s plastic"!” a lo que el tio asevera y seguimos sin problema.

Con los rayos X ya no hay problema así que por fin estamos fuera, legalmente, con nuestras maletas, reventados deseando llegar al hotel. La agencia nos pagaba un taxi hasta el hotel, pero no teníamos ganas de estar llamando, así que cogemos el primero que encontramos.

Momento de la noche cuando el primo se fue a montar con el conductor, por la puerta del conductor!! jajaja, que aquí conducen por la izquierda, con el volante a la derecha!.Nos lleva hasta el Hotel, con las primeras rayadas sobre cómo conducen aquí, y el tipo del hotel para registrarnos nos pregunta la altura… en fin, a dormir que mañana prosigue la aventura.

4 de febrero de 2010

Aotearoa

Llegó el día. Partimos en unas horas para Nueva Zelanda, la tierra de la larga nube blanca. Afrontamos la mayor aventura, en lo que a viajes se refiere, de nuestra vida. Serán 24 horas volando, 30 horas de aviones y aeropuertos. Cruzaremos Europa, Asia, la Polinesia y Oceanía, para perder medio día de nuestra vida, viviendo por unas semanas boca abajo con 12 horas de diferencia horaria.
Afrontaremos 14 días entre la Isla Norte y la Isla Sur, a bordo de una auto-caravana para 4 que deberemos conducir por la izquierda. Recorreremos cerca de 4.000 km para poder disfrutar de la cosmopolita Auckland, de las termas y fumarolas de Rotorua, los volcanes del Parque Nacional de Tongariro, las playas cristalinas de Abel Tasman, la angostura de Arthur's Pass, los glaciares de los Alpes del Sur, la multiaventura de Queenstown, los fiordos de Fiordlan, las focas, alcatraces y pingüinos de la península de Otago, los aires irlandeses de Dunedin, nieves perpetuas en el Monte Cook... Prados, volcanes, ovejas, ballenas, pingüinos, helechos gigantes, gusanos de luz... todo un verdadero espectáculo!
Así se empieza a escribir uno de mis sueños, que a su vez englobará alguna que otra de mis metas y anhelos.
Deseo que nos vaya todo bien. Suerte para mis compañeros Daniel y David. Viviremos todo al máximo, aprovechando cada momento como si lo estuviéramos compartiendo con vosotros.

De hecho lo intentaremos a través de este blog, espero que nos sigáis, y disfrutéis un poco también de nuestro viaje. Espero que os guste.