17 de mayo de 2009

Cañón del Río Duratón

Tres días consecutivos libres, inmersos en semanas tan ajetreadas, no podían librarse de nuestras aficiones. Así, en un aquí te pillo aquí te mato, impropio de mis virtudes, conseguí liar a mis amigos para combinar una ruta en bicicleta, con la visita a un Espacio Natural, aliñado con un rato de ornitología, consiguiendo un íntimo contacto con la naturaleza en buena compañía.

Y todo esto se fraguó en el Parque Natural de las Hoces del Río Duratón, un espacio enclavado dentro de las figuras de protección de la Red de Espacios Naturales de Castilla y León. Situado en la provincia de Segovia, se trata de un profundo cañón fluvial donde nidifican diversidad de especies de aves rapaces, siendo característica la población de buitre leonado.

Ermira San justo

Esta cualidad del Parque era la que nos ofrecía un primer impedimento. Y es que en esta época (1 de enero a 31 de julio) es necesario solicitar un permiso en la Casa del Parque (921 540 586) para acceder a las Zonas de Reserva, lugar por donde iba a discurrir nuestra ruta. Se ha de salir cada 20 minutos en grupos de 5 personas con un máximo de 3 bicicletas por grupo. Así pues nos dispusimos en dos grupos. Primero salieron los fuera de serie (Nando y Dani), abriendo ruta, y posteriormente, retrasados por fuerza mayor, las chicas (Susana y Patricia) con un servidor.

Ya antes de empezar todo fue difícil, porque tuvimos que improvisar un pedal que sustituyera al automático que llevaba la bici de Patri (mi antigua bpro) que nos fue imposible cambiar. Menos mal al bricolaje de última hora que se sacó Dani de la manga, porque no me quiero imaginar cómo habría sido la ruta con automáticos en los pies de la chica.

ciclistas_duraton Y es que el comienzo de la ruta desde el Puente Talcano es bastante incómodo para el paseo, con continuos tramos de afloramientos de rocas calizas sobre el sendero que nos obligaban a echar pie a tierra, y algún que otro tronco que se cruzaba en nuestro camino. Pero salvados estos escollos iniciales el resto de ruta, 12 km hasta el Puente de Villaseca, eran bastante agradables, cruzando en todo momento el rico bosque de ribera que acompaña al Duratón en este tramo, circulando por un estrecho sendero, que aún se angostaba más al atravesar espesuras herbáceas que, coincidiendo con mayor densidad de árboles, evocaba recuerdos de selvas lejanas.

Un recorrido verdaderamente hermoso del que pude disfrutar con mis amigas, unas auténticas javatas. Una vez que llegamos al final de La Ruta Larga nos reagrupamos, descansamos un poco, y decidimos continuar un poco más para hacer la ruta de La Molinilla (apenas 2 km), plagada de cuevas labradas en las paredes del cañón, vestigios de antiguos moradores. Pero a los pocos metros el infortunio se cebó con Susi, que acabó con sus huesos en el lecho del río, cayendo desde cierta altura sobre unos restos de troncos con muy mala pinta que podían haber causado mucho más daño. Afortunadamente todo se saldó con un gran susto y unos pocos rasguños que a día de hoy de seguro seguirán doliendo, aunque ella diga que no.

Decidimos darnos la vuelta, y regresar los chicos a por los coches, ya que estábamos junto a la carretera, donde podíamos recoger a las chicas. Y en ese momento, por la premura de la situación y por las ganas de disfrutar del sendero, se desató la furia ciclista que llevábamos dentro, y devoramos los kilómetros de sendero a todo trapo, solo interrumpidos por algún obstáculo insalvable o por los paseantes de la zona a los que adelantábamos con el mayor de los respetos. Como comentamos, la ida estaba para disfrutar del enclave del sendero, de sus vistas, de las sensaciones más sensoriales. Pero la vuelta era para disfrutar de la bici en el sendero, de la velocidad, el trazado, la tensión del riesgo: curvas y recurvas contraperaltadas que te escupían hacia el río, árboles que se enmarañaban en el camino, piedras que aparecían de entre las hierbas... realmente divertido, muy divertido.

Ya sólo quedaba realizar el tramo en coche desde el aparcamiento hasta el Puente de Villaseca, por una carretera sinuosa y bastante especial pues unía la parte más abrupta del cañón con los páramos yermos que caracterizan Castilla. Una vez juntos aprovechamos para comer junto al río las viandas que cada uno traía. Gozar de la comida en un lugar tranquilo después de un esfuerzo es la mayor de las recompensas.

Para el final del día habíamos preparado la visita a la Ermita de San Frutos, enclavada en una de las más bellas hoces que forma un río ya embalsado por la presa de Burgomillodo. Y aquí no quise perder la oportunidad de sacar el telescopio (regalo precisamente de mis amigos) para seguir observando, esta vez desde más cerca y con más tranquilidad, la colonia de buitres que posee esta zona. Y me sigue impresionando cómo, justo de enfrente de un lugar con tanta presión turística como es la Ermita de San Frutos, los buitres forman sus nidos y sacan adelante sus pollos. En esta ocasión nos pudimos recrear con unos cuantos nidos con sus pollos ya muy crecidos, los vuelos de los buitres y el de un hermoso alimoche, y los graznidos de las chovas piquirrojas.

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El cansancio ya se dejaba sentir con fuerza, hasta Dani nos había dejado hace un rato, apresurado por problemas intestinales. Y había que regresar, tranquilamente a casa. Yo os dejo con unas cuantas fotos más, y os recomiendo ver el vídeo que grabaron los ciclistas del Club El Lanchar, que fue el que nos dio el último empujón para animarnos a realizar la ruta.

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12 de abril de 2009

Semana Santa 2009

Finalmente esta Semana Santa me animé a irme para Extremadura. Tenía muchas ganas, bien es cierto que había estado hace nada en el Jerte, pero no lo pude aprovechar bien, y tenía ganas de dehesa. Llevaba ya un año hablando con Andrés, un amigo ex-compañero de curro, de ir por su pueblo a pillar una canoa y recorrernos algún tramo de río de la zona final del Tajo antes de meterse en Portugal.

Con los planes a medio hacer aprovechamos el viaje de ida para visitar Monfragüe. Yo había estado con la facultad, hace tiempecillo, y me quedé con ganas de más. Para el resto era su primera visita, la novia de Andrés, Paula, y su amigo Álvaro. He de decir que son gente paciente, y pueden presumir de un curso de iniciación a la ornitología, que en estos días han podido recibir.

Porque no todas las aves de Extremadura están en Monfragüe. Realmente la zona en la que pasamos el resto de los días no tiene nada que envidiar al recientemente declarado Parque Nacional. Se trata de la confluencia de los valles del Alagón y el Tajo, al oeste de la provincia de Cáceres. El pueblo al que íbamos se llama Ceclavín (un gramo), donde vive parte de la familia del Ándrews. Allí pudimos disfrutar de la inigualable compañía de Adriano, que hizo de guía inmejorable de la zona que va desde Alcántara a Cachorrila, pasando, cómo no, por el Cancho de Ramiro.

Al final el tema de la canoa no pudo ser, por respeto a la naturaleza, y por condiciones meteorológicas. A cambio, nos cansamos de ver buitres, con sus nidos, y sus pollos, muchísimos. También disfrutamos de la Cigüeña Negra en sus nidos y en vuelo, del Águila Imperial, Alimoches, Buitres Negros, Milanos Negros, Águilas Culebreras ...

Pero no todo fueron aves en Extremadura, también pude compartir unos días con la gente de Andrés, todos encantadores, que me hicieron sentir uno más de esa familia tan grande, tan grande como ellos. Fue todo un placer. Eso sí, hay que repetirlo ¡con canoa incluida!

6 de abril de 2009

Por los cantiles de Rivas y Coberteras

Creo que es sano, y gratificante en ocasiones, echar la vista atrás y volver a tus orígenes para hacer un acto de recapacitación. De dónde venimos, a dónde vamos, quienes somos y por qué, en todos sus aspectos.

En lo referente a mi relación con las dos ruedas, volver a mi pueblo a pedalear 8 km por carretera contra el viento, es algo que se me antoja escaso en estos momentos, aunque como ya digo, interesante. Pero volver a los caminos y cuestas empinadas de Rivas, donde terminé de forjar mi carácter de bicicletero caminero pajarero (en los términos modernos que hoy se usas sería un birdy biker) era algo inevitable.

Así pues la tarde del domingo pasado surgió la opción de hacer el circuito de Rivas que siempre había hecho, pero esta vez al revés, subiendo las cuestas de los cantiles del Campillo de San Isidro en primer lugar.

Quedé con Dani, la idea primigenia era salir de Santa Eugenia, para meterle kilómetros a la ruta y volver aquí al filo del atardecer. Pero finalmente nos arriesgamos, salimos desde el aparcamiento del Soto de las Juntas, y si quedaba tiempo subiríamos a la Marañosa.

Perfil cantiles de Ribas

Nos enfrentamos a las primeras cuestas con un más que duro repecho inicial, con el que en pocos metros tomaríamos la altura suficiente como para divisar ya toda la vega del Jarama y el Manzanares, con la Laguna del Campillo a nuestros pies. Se suceden 4 rampas duras que nos sacan los higadillos, sobre todo a estas horas del día. Se intercalan con falsos llanos y alguna bajadita, pero en general asciendes unos 130 metros en 2 kilómetros y medio. La peor es la última cuesta, con un gran surco en mitad de la pista que te hace ir enfilado a la derecha por el cantil. Después del gran esfuerzo inicial prosiguen los subeybajas pero "más suaves", aunque las piernas te tiemblan. El piso no es cómodo, con muchas piedras sueltas, pero no impiden que haya gente paseando y en bicicleta con sus hijos.

Pasamos junto al vertedero que ya están terminando de clausurar, han quitado la vaya que antes lo delimitaba. Paramos en algún mirador para apreciar el crecimiento del núcleo industrial de Mejorada, y el estado de la Finca El Piul. Y así acabamos en el cerro del Telégrafo. A pesar de los innumerables senderos que caen de sus laderas decidimos subirlo a patita por sus escaleras más empinadas. Termina siendo lo más duro del día. Damos un par de vueltas por su cumbre y bajamos entre los pinos de su ladera oriental. Está claro que en Rivas se respira bicicleta en todos sus estados, desde paseantes, bikers globeros, trialeros, endureros, etc. Todos tenemos nuestro camino.

La vuelta por los cantiles la hacemos por el camino que circula paralelo al anterior pero en una altura menor. Nunca lo había recorrido y realmente es divertido, de una anchura mucho menor y casi en todo momento siguiendo curva de nivel llega hasta el acceso, cortado, de la Finca de El Piul. Ahí enlazamos con nuestro anterior camino y decidimos acortar hasta Rivas por el fatídico camino donde más veces me he caído. Bajada vertiginosa hasta las calles del pueblo. Allí decidimos hacer frente a la ascensión a la Marañosa. Vamos pegados de tiempo pero hay muchas ganas.

El viento se hace notar, y por la carretera que accede a Protección Civil nos vamos relevando, con más éxito por mi parte que por la de Dani. Una vez pasado Casa Eulogio nos adentramos ilegalmente en el bosque del Cerro de Coberteras. Cierto es que existe una señal que prohíbe el paso a ciclistas. No entiendo muy bien el motivo, quizá el de conservar las laderas de los trialeros que aumentan la erosión a su paso, pero creo que nuestro paso, en esta ocasión no traerá nada malo al paraje (espero no equivocarme). Pasamos por una zona de apicultura en el que hay que tener  cuidado con las abejas, y dirimiendo disyuntivas y ascendiendo unos metros que se hacen larguísimos, con el hombre del mazo a rueda, llegamos hasta una panorámica de estos cantiles. Tras sortear una trinchera de la Guerra Civil nos asomamos al cantil, desde donde observamos la zona del Soto de Las Juntas, la Vega del Porcal y Sotopajares. Una inmensidad de humedales sustentados en antiguas y presentes graveras que explotan la zona.

coberteras

Los mosquitos nos incordian, el fresco hace presencia y la luz empieza a ser tenue. Estamos en un lugar espectacular, pero recóndito, es tarde y nunca hemos circulado por aquí, por lo que la premura es necesaria.

Continuamos hasta nuestro siguiente desvío, poco antes de la valla de los militares, y desde ahí hasta el camino de la Aldehuela todo será bajada. Entre la poca visibilidad y la novedad del trazado el cuidado que hay que prestar es máximo, confirmado por unos cuantos bancos de arenas que nos dan un par de sustos.

Una vez abajo, ya anochecidos, sólo queda llegar hasta el coche para terminar de disfrutar de una tarde de domingo diferente, muy entretenida, pero más aún provechosa, que pronto tendremos que rememorar.

29 de marzo de 2009

Historias de la Ruta en bici (reedición)

Este sábado reeditamos la ruta que ya comenté en esta entrada. Se trata de una ruta casi entera por caminos. El cuerpo estaba aún cansado del domingo pasado, pero había que aprovechar este sábado, y a la postre comprobamos que fue el momento idóneo ya que tras las lluvias de ayer debe estar todo encharcado de nuevo.

Las novedades fueron pocas. Una, que nos acompañó Antonio, el que todo le pasa, en el día de hoy. La otra, que exploramos la bajada por las S's de la Marañosa, y creo que fue opinión general que gustó, aunque acabamos bajando por la gran recta donde siempre voy perdiendo un bidón.

Bonita y entretenida ruta que acabó mal para uno de nosotros, y es que Antonio, en su afán por llevarse la subida de vuelta del camino de Congosto (y es que iba fuerte el tío) se pasó de frenada en la bajada del túnel de la M-50 y acabó aparatosamente con sus huesos en la tierra, con un trompazo que si los ojos de Nando hablaran relataría paso a paso, jeje. ¡Madre qué ostia!

Y otra novedad con respecto a la de Noviembre es mi nueva bici. La otra no pasó de aquella ruta en la que quedó embarrada.

A seguir aprendiendo de las caídas compañeros!

Los números....

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22 de marzo de 2009

Rascafría-Morcuera-Rascafría

Hoy tocaba madrugar un poquejo, había que recorrerse unos cuantos kilómetros para empezar la ruta del día, que no iba a ser otra que subirse la Morcuera por su cara norte, desde Rascafría. Estrenamos el coche con las bicis, la primera sensación es buena, las meto al revés y entran perfectamente. Así que con la puntualidad que no me caracteriza, a las 9, Nando y el menda estamos camino Rascafría.

De camino nos íbamos a encontrar con Dani que venía desde su casa. Pasado el aparcamiento del Monasterio del Paular dejamos los coches y sacamos las burras. A las 10.15 estamos pedaleando con ritmo cansino.

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El día es agradable, pero aún a esas horas hace fresco. Nando es el más valiente y se ha arriesgado a salir con camiseta corta y maillot largo. Dani y yo empezaremos con las chaquetas, aunque pronto sobrarán. La ruta discurre de inicio por el paraje conocido como Las Presillas de Rascafría, y comparte ruta con la que conduce a las Cascadas del Purgatorio. Hasta el puente sobre el Arroyo de los Aguilones el camino se hace bien, pero una vez que lo cruzas te sorprende una primera rampa que te hace meter plato pequeño, y no lo quitaré hasta el descansillo que hay a media subida. Enseguida empiezo a notar flaqueza, me sobra ropa, me molesta el culote, me duele el empeine del pie, vamos, que voy mazo incómodo en la bici. Y eso se nota en que me cuesta seguir el ritmo de mis compañeros. Al final, sabiamente, decido dejarles unos metros de ventaja, para, a lo Carlos Sastre, coger mi ritmo. Me esperarán en la siguiente curva y aprovecharé para cambiar la chaqueta por el maillot largo, el sol pega con fuerza y calienta, pero en las zonas de umbría rasca.

Stitched PanoramaEl inicio fue muy duro y me costó mucho enganchar, mis compañeros me esperaban pero parecía que había cogido el ritmo, mucho más lento que ellos, pero conseguía subir. Además Dani estaba de fotógrafo y le iba pillando de vez en cuando. Nunca fui sólo porque siempre tenía el walkie de Dani para hablar con ellos, y en los sitios más chulos nos esperábamos. No os he comentado nada del lugar. Por supuesto que las vistas son espectaculares, rodamos entre un bosque de pinos continuamente, y en sus claros podemos apreciar Navacerrada, Cotos y Peñalara, la cumbre más alta. Para apreciarlo mucho mejor, basta con fijarse en las foticos del Dani.

Hasta el mencionado descanso se me hizo largo. Llevábamos 9 km sin parar de subir y con algunas rectas largas que desquiciaban. Nos seguía un grupo de ciclistas femeninos, que por aquello de la honrilla me daban alas para tirar p'alante. El descansillo era una bajada que en ese momento no sentaba bien, te rompía el ritmo y lo que se baja se sube. Y eso era lo que ocurriría a continuación. Salimos a un claro de bosque donde ya predominaba algo de pastizal y matorral, y se comenzaba a observar nieve a los lados. Pasamos el Refugio de los Barracones, y empiezo a pensar en el final, aunque lo más duro está por llegar. Las últimas rampas son de tierra más suelta, y las hago con el ritmo de antes, con menos desarrollo, intentando mantener las cadencia, e informado en todo momento por Dani. "Quedan 900 m,... 800 m,... 500 m,... 150 m,... ya es llano!"

 Stitched Panorama

Llegamos al Refugio, fotico de rigor y la sorpresa de la ascensión: las torrijas de mi máma, que sentaron como dios. No llegamos al puerto porque ya lo conocíamos, así que enlazamos directamente con un tramo de carretera, que aún nos quedaría un kilómetro de subida rumbo a Canencia, para afrontar la bajada final. Ya esa subida, aunque la conocía, sentó fatal al cuerpo, como la primera vez, pero ya estábamos pensando en la bajada. Imagen214

Y así fue, Dani gritó "a tumba abierta!" y Nando se adelantó unos metros para bajar menos  presionados por los locos que llevaba detrás. Los primeros tramos fueron muy tranquilos y rápidos, hasta la Majada del Cojo, con algún tramo helado en el que casi besamos el suelo. Pero una vez atravesada la Majada el descenso es vertiginoso y delicado. La bici se embala, cobra mucha inercia lateral, los frenos se calientan, suenan y las manetas se hunden en demasía. Nos llevamos cada uno algún susto con las piedras y alguna curva muy cerrada. Por lo comentado Nando es el que la baja mejor (acojonao seguro con sus frenos, pero sin sobresaltos) y además es el que llega el primero a la zona más distendida, donde te puedes explayar y disfrutar del camino y la velocidad sin temer por tu integridad física. Es evidente, como se comentó, que esta bajada, al ser más corta es mucho más empinada y dura que la subida, y con los caminos más rotos. No sé si alguna vez nos atreveremos a subirla.

Ya "solo" nos queda atravesar el río de tan honroso nombre (Lozoya...), llegar a Alameda del Valle (así se llamaba) y enlazar en camino llamo (lo que no significa horizontal, el joputa picaba p'arriba que no veas) hasta Rascafría, donde nos tomaremos un refrigerio antes de tomar el coche camino de casa.

Perfil Rascafria-Morcuera

En total una ruta maja, de casi 34 km en la que pedaleamos durante 2 horas y media para pasar de los 1.110 m a los 1.740 m disfrutando de unas vistas de impresión, con la Sierra aún nevada, y con unos compañeros tan grandes que no caben en el culote. La sensación de cansancio fue muuuuy grande, en el momento, por la tarde y al día siguiente. Pero lo importante es que la hicimos, la sufrimos y la disfrutamos. Una más para el bote. (La lástima, el atasco de vuelta en la carretera de Burgos)

Edito: había pocas fotos y añado más, es verdad. También es cierto que por pocos lectores que tenga, podían dejar algún comentario, que estos de MSN igual si no comentáis me cierran el espacio. (Pinchar para ver más grandes, of course)

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increíble que sean del mismo día, es lo que tienen las vertientes, y los diferentes biotipos, y el tratamiento de imágenes

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21 de marzo de 2009

Hacia el Valle del Jerte

Llevaba un par de años rondando la cabeza, y el pasado Día del Padre, en plena celebración mis padres me lo dejaron caer: "Nos podrías llevar uno de estos días a ver el Valle del Jerte, tiene que estar bonito". Como todos los planes que proponen los padres a estas alturas de temporada, era un poco descabellado, y de inicio la respuesta fue "no". Pero un par de meditaciones fueron suficientes para entender que era una buena ocasión de hacerle ese regalo a mis padres, de hacerle un buen viaje al León, y de aprovechar el puente que me había cogido en el trabajo.

Así que en menos de medio día, y con el consejo de mis hermanos preparamos el viaje relámpago que hicimos el 20 de Marzo del 2009. Salimos de casa a las 8 de la mañana, un viernes laborable, en plena hora punta de cualquier laborable. Emprendimos camino hacia la Comarca del Jerte, accediendo a la misma desde el Puerto de Tornavacas. Como se trataba de una paliza de kilómetros deberíamos disfrutar del viaje tanto como del propio Jerte, y con la única preocupación de no marearnos nos recorrimos los pueblos de la cara norte de Gredos.

Desde la M-501 llegamos a El Tiemblo, camino y pueblo que ya conocíamos, y desde ahí, Guía Repsol en mano, atravesamos el Embalse de Burguillo camino a Burgohondo para realizar la primera parada. Pasadas las 10 y con inicios de mareo nos tomamos un café y mis padres, cómo no, entablan conversación con los que regentan el bar, una familia muy amable que nos atiende mejor que atienden su urinario. Nos recuerdan que la carretera que habíamos tomado tenía más curvas que la que deberíamos haber cogido, y nos corrigen el camino que íbamos a tomar. Si hubiéramos hecho caso a su hijo habríamos ido por autovía a Ávila y pagando peaje hasta el Valle del Jerte, pero ese no era hoy nuestro camino.

Navaluenga, Navalmoral, Navandrina, Navarredondilla, Navalosa, Navatalgordo... !Navatalgordo! era el camino correcto, cómo no me podía acordar (bendita toponimia). Proseguimos a la aventura por carreteras de alto valor natural y escaso presupuesto de obra, atravesando prados de montañas de las estribaciones nororientales de Gredos, hasta salir a la N-502 que lleva a Puerto del Pico. Justo antes de llegar allí nos desviamos a la derecha hacia el Barco de Ávila, pudiendo observar el esplendor de las cumbres nevadas de Gredos, con el Almanzor en su apogeo, recordando la ascensión de hace unos años y otras fallidas de juventudes perdidas.

Finalmente desde Barco de Ávila la N-110 nos lleva hasta el Puerto de Tornavacas, espectacular antesala desde donde se aprecia el estado de todo el Valle del Jerte. Allí confirmamos lo que vi a través de internet, el valle se encontraba en su pleno de floración durante este fin de semana. ¡Qué ojo! Y si teníamos un poco de suerte no encontraríamos demasiada afluencia de gente, no fue festivo el día 19 en Extremadura y en Castilla y León los niños no tenían fiesta el 20.

Emprendimos la bajada del Puerto de Tornavacas enfilados por su tortuosa y empinada carretera. A poca velocidad por la acumulación de coches podíamos ver cómo a medida que descendíamos en altura los cerezos, los verdaderos protagonistas de esas fechas, estaban cada vez más espléndidos. Pasamos el pequeño pueblo que da nombre al puerto, ahí se encuentra el Centro de Interpretación de la Montaña y la Trashumancia, pero hoy no tendríamos tiempo de visitarlo. Nuestro próximo destino era el Centro de Interpretación de la Reserva Natural de la Garganta de los Infiernos, pasado el pueblo de Jerte. Atravesándolo comprobamos que estaban de fiesta, y la densidad de personas y coches iba en exponencial progresión, alcanzando su máximo en pleno camino de acceso al Centro de Interpretación.

Logramos entrar y observar lo que la Reserva nos ofrecía. En un vetusto vídeo nos enteramos que la Reserva cubre a partir de donde acaban los cultivos de cerezos, por tanto, como era de esperar, no nos iban a hablar de los cerezos sino de las variadas gargantas que allí se han formado por la acción de las aguas. A pesar de lo rancio de las imágenes la ganas de volver allí con más tiempo se van alimentando. Su otoño no debe desmerecer para nada lo que ofrece en primavera. Poblados bosques de galería, apagados rebollares y prados de altura debían contrastar intensamente con los vivos colores otoñales de los cultivos. Aparte, la Garganta de los Infiernos nos ofrece interesantes zonas fluviales en forma de hoyas que se manifiestan en su máximo carácter en la Ruta de los Pilones, que ha de ser fruto de divertimiento de numerosos turistas en los días más calurosos del verano.

DSCN8304 Con la mente puesta en los futuros meses otoñales, nos dirigimos de forma prematura a buscar sitio para comer. Lo que nos depara la casuística del lugar y sus circunstancias es una monumental montonera de coches para salir de allí, teniendo que salir furtivamente por una vía pecuaria que discurría opuestamente al camino natural de salida, y que nos había de conducir al pueblo de Jerte. Y a partir de allí una serie de despropósitos y conjunción de mala suerte. Llegamos al Pueblo a la altura del puente sobre el Jerte, pero se encuentra cortado porque un equipo de TVE está grabando una conexión con los informativos. Acabamos continuando por la vía pecuaria que da acceso al Centro de Reproducción de Salmónidos, y que discurre entre numerosos cultivos de cerezos, el camino es realmente bonito, pero somos media docena de coches los que circulamos como pollos sin cabeza, para acabar en un camino que no continúa a ninguna parte, y sólo tenemos la opción de continuar por un camino bacheado en mal estado por el que algún conductor desquiciado finalmente opta. Reculamos hacia el puente de Jerte, aprovechando para hacer las primeras fotos con los cerezos. Finalmente, y tras algún que otro agobio, conseguimos comer un en un mesón de la carretera, que discurre de forma paralela a la calle principal del pueblo, que en ese día se encuentra decorada con arcos de flores en honor a la Primavera. De forma un tanto extraña esta celebración de la primavera se encuentra mezclada con referencias a Dios, que a día de hoy no consigo entender ni relacionar. Pero en fin el pueblo se encontraba muy bonito, y la gente disfrutaba de la Fiesta de la Flor junto al río que baña la comarca.

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Después de descansar la comida nuestra próxima meta sería el Monasterio de Yuste, y para llegar hasta allí nos complicaremos la vida por un tortuosa carretera que conduce al Puerto del Piornal, y que sin embargo nos ofrece unas espectaculares vistas del Valle con la luz de la tarde. Lo que sí es cierto es que la carretera es muy estrecha, y luego se encuentra en obras, el coche se llena de polvo y barro, pero está mereciendo la pena. Pasado el puerto seguimos hasta Garganta la Olla, por una carretera aún más sinuosa y estrecha, repleta de curvas ciegas, que discurre por la sombra de la montaña y de bosques de roble. Estoy disfrutando al volante tanto como mis padres sufren, jeje.

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Las vistas al atardecer de Garganta la Olla, desde el mirador que regenta la Serrana de la la Vera (leed y si podéis escuchad su Romance), son, una vez más, espectaculares. Y no menos espectacular es la estancia del Monasterio de Yuste, lugar de retiro del emperador Carlos V, que tras abdicar decidió hacerse construir una casa-palacio junto al monasterio de la orden de los Jerónimos para meditar y recuperarse de un ataque de gota, y acabó muriendo de paludismo por la picadura de uno de los mosquitos que habitaban en uno de los estanques de la plácida estancia. Allí, aún los monjes siguen conviviendo, y es visitable, pero ya es tarde para ello. Nuestro viaje ha de continuar para ir acabando. Nos pegaremos una nueva panzá de kilómetros, pero esta vez por las rápidas vías de comunicación del Estado. 13 horas después, y tras 650 km volvemos felizmente a casa.

Espero que esta larga y retórica historia sirva algún día para que alguien disfrute del viaje tanto como nosotros lo hicimos.

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13 de febrero de 2009

Empalmao con las setas

El domingo pasado, mientras disfrutaba de un nevado fin de semana zamorano con la familia, decidimos pasarnos por el Restaurante El Empalme, en Riofrío del Puente.DSCN8244

Este restaurante lo veremos al pasar por la antigua carretera nacional que une Benavente con Vigo, que ha quedado despoblada junto a la Autovía de las Rías Baixas. El aspecto desde fuera es el de una típica venta junto a una carretera, o el de un taller de reparación de automóviles. Pero esconde un gran tesoro en su interior.

De la mano de Elías Martín y Gloria Lucia, se ha ganado el reconocimiento del mundo de la alta gastronomía y el de la micología. Se alimenta de las más variopintas setas de la Comarca de la Carballeda y de Sanabria, con las que linda. Y nada malo podía salir de esa tierra.

Sus propietarios y cocineros, a parte de premiados en congresos de micología y gastronomía, son coautores de un libro "Restaurante el Empalme, las setas y sus recetas", prologado nada menos que por Juan Mari Arzak.

Referencias buenas existían, si bien, se había escuchado alguna mala opinión comparable con su aspecto exterior, pero centrada en el trato recibido por el servicio.

Sin ningún prejuicio entramos dentro y enseguida comprobamos que el interior estaba más cuidado que el exterior. No dejaba de ser el típico local zamorano, con sus paredes de colores, habitaciones con vericuetos, y el mostrador de ladrillo pintado, pero con algún que otro adorno en madera que le daba un aspecto cálido.

Nos sentamos a la mesa, y enseguida fuimos atendidos por una joven que tubo un trato excelente con mi sobrina Águeda (de la que en todo momento estuvieron pendientes y muy detallistas). Tardamos un rato en ser atendidos por la cocinera-camarera Gloria, pero queríamos entender que tenían bastantes mesas y estábamos en hora punta (lo bueno se hace esperar). Ya estábamos advertidos, en la carta no aparece ningún plato de setas, sí platos elaborados y muy ricos, pero veníamos a lo que veníamos y mi hermano y yo nos tiramos a por el Menú degustación. En un principio éste incluía 3 primeros, un segundo a elegir entre un par de pescados y un par de carnes, postre y cubierto.

Y en esto que empiezan a venir los platos....

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En la imagen falta una ensalada tibia con pasas y pistachos que me encantó. En total: 5 primeros, un plato de pescado, un plato doble de solomillo de ternera y ciervo, y un postre de tres helados y tarta. Efectivamente, de nuevo el que suscribe fue incapaz de devorar toda la comida, culpa del pan.

Opiniones de los platos: variopintas.

La impresión con la que nos quedamos es que estuvimos comiendo, salvo en alguna ocasión, el mismo tipo de setas. Mi lamentable desconocimiento micológico me hacía pensar que eran las típicas de los botes que se venden en invierno, y es que, amigos, estábamos en febrero. Quizá encontré que los platos tenían la misma textura, y es ineludible, que salvo el postre, estaban faltos de color. Se basaron en unas patatas con setas, setas con cardo a la mostaza, setas orientales (con salsa de soja, creo), la ensalada (de setas, of course), revuelto de setas y bacalao con setas. Las carnes, solomillo de ternera y ciervo en su punto, las sirvieron con salsa de frutos rojos y queso, y de menta e higo (eso creemos, lo que sé es que no me gustó mucho, era muy amarga y sabía a ginebra, como el ciervo), respectivamente. Los helados (lo único que nos explicaron), eran de té verde, de mango con membrillo, y de vino (tenía un sabor espectacular a concentrado de setas, exquisito), y un pastel de zanahoria. A parte a la nena la obsequiaron con unas galletas de setas, cómo no.

Al servicio: le pongo un notable porque se portaron fantásticamente con la pequeña. No nos tuvieron desatendidos, pero no nos comentaron nada sobre el fundamento de cada plato. Mi cuñada preguntó una vez y se trataba de lo mismo que ella estaba comiendo de la carta, y mi hermano, tras un "¿pero esto que es?" que sonó mal, todo hay que decirlo, se quedó con la respuesta "buen provecho". Otro detalle es el comentado: Te preparan para 3 primeros y ves que nunca paran de sacar platos, es como si los fueran sirviendo sobre la marcha, ese cardo a la mostaza que estaba comiendo mi cuñada luego nos lo pusieron a nosotros, el bacalao entraba como segundo que no elegimos, en otras mesas se veían otros platos...

Al fin y al cabo se aprecia un ambiente familiar que reconforta la estancia, una vez, eso sí, la jauría de pijos ha abandonado el restaurante. Se aprecia el trato "duro" de los camareros, cocineros y dueños del restaurante, pero al fin y al cabo todos los genios esconden su genio dentro.

Esperamos darle otra oportunidad para que nos acabe de "encantar" en su bosque perdido de setas. La próxima temporada otoñal seguro nos deparará buena materia que ha de mejorar ostensiblemente la oferta del restauran.

PD: Ah! gracias por la invitación y por el fin de semana pasado... Se os quiere!

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